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miércoles, 30 de agosto de 2017

Nuestra Profesión no tiene límites

Editorial revista Técnica Industrial nº316-Abril 2017. Nuestra profesión no tiene límites

Por más que algunos se empeñen en tratar de limitar nuestra capacidad de actuación según criterios y normas de hace dos siglos, la realidad muestra que los límites no existen en nuestra profesión y que cada uno de nosotros será capaz de hacer todo aquello que se proponga.
Es cierto que la titulosis que existe en nuestro país puede obstaculizarnos en determinados aspectos de la función pública o, por lo menos, así ocurre con los titulados en ingeniería técnica industrial, pero también lo es que ya se ha dado el sal-to definitivo con los actuales titulados de grado en ingeniería de la rama industrial, que, sin embargo, sí que pueden optar a los máximos niveles de la Administración. No en vano, desde las propias Administraciones que no hacen nada más que dar lecciones de una “competitividad” que no aplican, se siguen poniendo barreras al desarrollo de los profesionales, algo que, por suerte para nuestro desarrollo y economía, no ocurre en el ámbito privado.Resulta que en esta revista podremos ver que hay titulados en ingeniería técnica industrial que están dirigiendo con gran acierto grandes empresas y filiales de multinacionales en nuestro país y que, sin embargo, no podrían ocupar un puesto de director general en un ministerio, algo que para algunos hasta significará un alivio, pero que no deja de ser una restricción propia de países en desarrollo. Sin embargo, este clasismo de las titulaciones, por desgracia para todos, también se está llevando a cabo en algunas de las empresas públicas que como ocurre con la Administración, también pagamos to-dos los españoles con nuestros impuestos.
“OS ANIMO A TRANSFORMARNOS EN INGENIEROS 4.0, LO QUE, ADEMÁS DE ELIMINAR LOS COMPLEJOS Y LAS BARRERAS, NOS PERMITIRÁ AFRONTAR CON SEGURIDAD TODOS NUESTROS DESAFÍOS PROFESIONALES”
Cuando se quiere acotar la selección del mejor candidato entre solo unos pocos, se corre el riesgo de dejar fuera del proceso a profesionales mucho más cualificados y que, por tanto, generarían mucho más valor donde ejerzan su actividad, ya sea en el ámbito privado o público, y esto es algo que a algunos todavía les cuesta entender.
No obstante, si hay algo que me define es que siempre miro las situaciones con optimismo y, por supuesto, me gusta trasladar a todo aquel con el que interacciono, y por ello desde aquí os digo que esta situación está cambiando y va a cambiar, y que debemos hacerlo entre todos. Nuestro mejor argumento va a seguir siendo el trabajo que todos y cada uno de nosotros realizamos día a día, demostrando no solo nuestra capacidad y excelencia profesional, sino nuestro compromiso diario por el desarrollo de nuestra sociedad.
¿Alguien de este país concibe la industria sin la participación de los ingenieros de la rama industrial? ¿Alguien piensa que somos prescindibles? ¿Alguien pone en duda nuestra valía profesional? No, ni lo piensa nadie, ni nadie va a conseguir que lo piensen. Y es a partir de aquí donde tenemos que marcarnos nuestras metas y objetivos profesionales y realizar todo lo que esté en nuestras manos para poder conseguirlos, que si bien no será fácil, también os digo que no es imposible.
Y esto último lo puedo afirmar de forma rotunda simplemente basándome en hechos reales y tangibles que todos vosotros vais a poder contrastar en el interior de esta revista, en la que comprobareis no solo que no tenemos cotas, sino que somos un referente profesional tanto en nuestro país como en el resto del mundo.
Y está muy claro que ni todas las personas ni todos los ingenieros somos iguales. Por eso, cada uno de nosotros deberá destacar del resto potenciando sus cualidades y los conocimientos adquiridos para competir de forma sana con el resto de profesionales, lo que significará precisamente el éxito de una sociedad moderna y desarrollada.
Tenemos ante nosotros el reto de protagonizar nuevamente lo que algunos llaman la cuarta revolución industrial, la de la industria conectada o 4.0, y no cabe duda alguna de que nuestro papel es y va a ser fundamental para llevarla a cabo, así que solo nos hace falta creer en nuestras posibilidades, que son infinitas, y tener la oportunidad de aplicarlas, que es para lo que tenemos que trabajar. Por tanto, y aprovechando el cambio de modelo productivo de la industria 4.0, os animo a transformarnos en ingenieros 4.0, lo que, además de eliminar los complejos y barreras, nos permitirá afrontar con seguridad todos nuestros desafíos profesionales sin temor a la competitividad en la que somos expertos.
José Antonio Galdón Ruiz
Presidente del Consejo General de Graduados en Ingeniería rama industrial e Ingenieros Técnicos Industriales de España

miércoles, 10 de junio de 2015

Una pyme industrial, un ingeniero

Artículo publicado en la Revista Técnica Industrial (Junio 2015)

La gran industria española es actualmente muy competitiva y, como muestra, solo hay que fijarse en sectores tan importantes como son el de la automoción o el petroquímico, entre otros. En este logro, no cabe duda, han influido de manera decisiva las importantes reformas realizadas por el Gobierno. Sin embargo, según los datos del Ministerio de Industria, de las 205.682 empresas industriales españolas, el 99,6% son pymes. De estas pymes industriales, el 37,6% son microempresas sin asalariados; el 48% son microempresas con 1-9 empleados; el 11,8% pequeñas empresas, con 10-49 empleados, y el 2,2 %, medianas con 50-249 trabajadores. Solo el 0,4% de las empresas industriales tienen más de 250 empleados.
Pues bien, las micro y pequeñas empresas de 1 a 49 empleados tienen un problema fundamental para su crecimiento. Este problema no es otro que la falta de competitividad, derivada del difícil acceso a la innovación y desarrollo de producto, la organización, la planificación, la producción, etc. En estos ámbitos resulta primordial la función de los ingenieros, que son los que pueden trasladar de forma directa el potencial que necesitan las empresas para desarrollarse, crecer e innovar. Y es aquí donde pedimos que se adopten las medidas necesarias para facilitar la contratación de ingenieros en las pequeñas industrias españolas.
Además de conseguir un aumento de la competitividad de las pymes industriales, nos alegraremos todos de que nuestros ingenieros no tengan que salir a otros países en búsqueda de oportunidades laborales, y que cuando lo hagan sea por pro-pia voluntad y en función de los objetivos que cada cual se fije libremente. Las empresas españolas necesitan ingenieros y los ingenieros necesitan una oportunidad.
La ingeniería técnica industrial española ha pasado de ser la cuarta profesión mas demandada a ser la segunda en la actualidad. Y este es sin duda un claro indicativo de la evolución positiva de nuestra economía. Pero, aun así, sigue sin ser suficiente para satisfacer las demandas laborales de nuestros ingenieros. Entre otras acciones, el Cogiti ha desarrollado un plan de movilidad internacional, pero no para facilitarles que se vayan sin más, pues esto no sería muy acertado, sino que hemos desarrollado en paralelo un plan de retorno, consistente en mantener a los ingenieros totalmente informados de las nuevas oportunidades que vayan surgiendo en nuestro país. Por ello, nos toca trabajar para que estas oportunidades de retorno sean cada vez más y mejores, y faciliten el regreso de nuestro capital humano.
En este contexto, uno de los puntos fuertes en los que estamos trabajando es precisamente el de que los ingenieros se generen sus propias oportunidades, a través del emprendimiento y la puesta en marcha de iniciativas innovadoras. Y para ello se hace muy necesario el trasladarles ese sentido de la responsabilidad que han de tener para con la sociedad.
Me entristecen sobremanera las escalofriantes cifras de paro juvenil. Pero si hay algo que me duele aún más es el comprobar el alto grado de resignación que muchas veces cunde entre los egresados a la espera de que la situación cambie. Y es ahí donde tenemos que poner todo nuestro ímpetu, para trasladarles la confianza que necesitan y que puedan ser ellos mismos quienes asuman el papel de la transformación y el crecimiento. Y, dicho sea con todos mis respetos, pierdan ese miedo al doctorado.
Digo doctorado y lo hago a propósito. Y así se lo traslado a los jóvenes ingenieros que visito en las universidades españolas. Y es que hay varias formas de doctorarse: una de ellas es a través de la Universidad, pero otra no menos importante es el resultado de la experiencia vivida tras un reto empresarial o profesional, sea cual sea el resultado del mismo, pero que nos acompañará durante toda nuestra vida.

Pero centrándonos en el ámbito universitario, España ha realizado la integración académica en el Espacio Europeo de Educación Superior, algo que sin duda facilita la movilidad en el ámbito mundial, pero que contrasta con el modelo que subsiste en España desde el siglo XIX en algunas profesiones. No es entendible que dos siglos después, y en el concepto de globalización en el que estamos inmersos, sigan existiendo dos niveles profesionales, algo que, por otra parte, resulta casi inédito en el ámbito mundial; como tampoco lo es la enorme segmentación profesional, basada única y exclusivamente en el concepto de uso y no en la capacitación técnica o competencia profesional.
Pensamos que ha llegado el momento de dar ese salto de modernidad que elimine esas barreras que nos hacen ser me-nos competitivos que el resto de ingenieros a nivel europeo y mundial. Y que, sin menoscabar ni uno solo de los derechos adquiridos por los actuales profesionales, podamos confluir hacia los modelos mayoritariamente implantados de habilitación profesional por los colegios profesionales. Aquí, claro está, tendrá especial protagonismo el desarrollo profesional continuo (experiencia y formación) a lo largo de la vida, lo que a su vez resulta ser un objetivo básico en la política europea para conseguir mejorar la empleabilidad, la movilidad y la competitividad. Algo de lo que precisamente en España estamos muy necesitados.

domingo, 19 de abril de 2015

Cada pyme industrial de España necesita un ingeniero para ser más competitiva

Entrevista publicada en la Nueva España (Abril 2015)

"Cada pyme industrial de España necesita un ingeniero para ser más competitiva".
"Apostamos por la autorregulación y las profesiones basadas en el aprendizaje permanente, sin intervención del Estado".


El murciano José Antonio Galdón dirige desde hace cuatro años el rumbo de la ingeniería técnica industrial en España. El pasado enero fue reelegido como presidente del Consejo General de Colegios de Ingenieros Técnicos Industriales de España (COGITI), institución que representa a los 50 instituciones profesionales y a los casi 90.000 Ingenieros Técnicos Industriales y Graduados en Ingeniería de la Rama Industrial de España. Esta semana estuvo en Gijón para abordar con estudiantes y profesionales los nuevos horizontes de la profesión.

-Nueva etapa al frente del Consejo. ¿Qué retos platean?
-Lo que pedimos, y así se lo hicimos saber durante la toma de posesión al Ministro de Industria, es que al menos tengamos un ingeniero por cada pyme (pequeña y mediana empresa) industrial en España. Un 99,6% de las firmas industriales de nuestro país son pymes de hasta 250 empleados y un 48% de ellas están entre uno y 10 trabajadores. El problema de estas empresas para su competitividad es que son muy pequeñas y no tienen acceso a la innovación y al desarrollo de productos. Lo que defendemos es que todo eso que les falta lo aporte un ingeniero, para facilitar el empleo de los nuevos titulados y para que no tengan que salir fuera, posibilitando a las empresas de aquí que puedan crecer.

-¿A cuántos ingenieros pretenden colocar en las pymes?
-La idea es alcanzar el objetivo de recuperación del 20% del PIB industrial para 2020 en la Unión Europea. Para eso necesitamos ayuda de la Administración para que esas pequeñas y medianas empresas puedan incorporar ingenieros. Si tenemos unas 293.000 empresas industriales, de las que el 48% son pymes estaríamos hablando de unas 150.000. Esas serían las susceptibles de incorporar ingenieros porque las grandes ya los tienen.

-Han subido del cuarto al segundo puesto de profesiones más demandadas de España.
-Un país que necesita ingenieros es un país que está creciendo. Estamos muycontentos pero no totalmente satisfechos. Hace falta generar más empleo y alcanzar ese objetivo del 20%. Los ingenieros técnicos industriales son profesionales altamente demandados a quienes, además de las empresas españolas, los contratan otras de fuera o las propias firmas españolas cuando realizan su implantación en el extranjero, por ejemplo, en energías renovables, un sector que aquí está muerto porque lo dinamitaron. Países que son referencia en el sector industrial como Alemania siguen demandando ingenieros.

-¿Por qué insisten sobre la acreditación profesionales?
-En España nunca se ha tenido en cuenta la formación que realizas más allá del título académico, solo se valora cuando sales fuera el hecho de tener un buen currículo para seguir prosperando profesionalmente. En España tenemos la enfermedad de la "titulitis" pero la experiencia y la formación continua son importantes.

-El gobierno acaba de dejar en suspenso la aprobación de la ley de servicios profesionales.
-Es la crónica de una muerte anunciada. Se hizo a contrapié, sin escuchar al sector. La liberalización de la ingeniería para ser más competitivos en Europa y en el ámbito mundial es positiva pero no estaba bien conseguida. Faltaban los servicios, solo se analizó la ley colegial. Con buen criterio político la han aparcado para no enfrentarse al sector con unas elecciones a la vista. Aunque en algún momento se pueda criticar la falta de decisión en eliminar las barreras en ingeniería, insistimos en que nos dejen autorregularnos y que se hagan profesiones basadas en el aprendizaje permanente. El mundo profesional ha demostrado el papel esencial de los colegios profesionales y el Estado no puede intervenir en nuestras funciones.

-¿Qué opina de la actual dualidad que existe en la ingeniería? ¿Por qué continúa?
-Es necesario eliminar barreras absurdas. Eso son corporativismos profesionales. Los cotos cerrados están creados para gente cómoda que no quiere prosperar. En determinados sectores sigue habiendo monopolio pero lo que genera una competitividad sana es que diferentes profesionales compitan con las mismas reglas de juego.

lunes, 16 de febrero de 2015

Para que las empresas puedan innovar hacen falta ingenieros que les den esa capacidad


Entrevista publicada en La Región (Feb. 2015)

José Antonio Galdón Ruiz es el presidente del Consejo General de la Ingeniería Técnica Industrial y acaba de estar en Ourense participando en el Congreso Internacional de Ingeniería  de Seguridad Contraincendios. Galdón es un firme defensor de la profesión a la que representa y a la que considera vital en un proceso de reactivación industrial tras la crisis. Los ingenieros pasaron de ser la  cuarta profesión más demandada por las empresas a ser la segunda y con un paro que no llega al 10%.
¿Cuál es el momento actual de la profesión de ingeniero técnico industrial?
Estamos en un nuevo impulso después de haber vivido unos años malos y después de haber vivido un esfuerzo de readaptación con muchos compañeros nuestros trabajando en el sector de la construcción. Hemos sufrido esa crisis al igual que todos los profesionales de ese sector, aunque en nuestro ámbito profesional, al tener otras salidas profesionales, nos hemos ido readaptando hacia otros sectores. Nuestro paro es del 8 o 9 %, muy lejos del general. Incluso dentro del paro juvenil somos una excepción ya que los jóvenes ingenieros tienen poco paro, aunque las posibilidades de trabajo no todas están en España.
Pese al contexto de crisis, parece que los ingenieros han sido de las profesiones que mejor ha sorteado esa situación.
No cabe duda, porque nos hemos sabido adaptar a la nueva situación. En estos momentos la sociedad necesita cuantos más ingenieros, mejor. Hemos pasado de ser la cuarta profesión más demandada a ser la segunda y para mí ese es un indicador de que algo comienza a cambiar en España y que algo empieza a funcionar. ¿Por qué? Porque se están reactivando sectores muy importantes para la economía como es la industria. De todas las ofertas de trabajo que hay para ingenieros, el 70% son para las industrias y es uno de nuestros retos conseguir que se reactive ese sector porque hemos perdido desde el año 75 en el que teníamos un 40% de peso del tejido industrial dentro del PIB a tener en la actualidad casi un 14%. Estamos hablando de que en Europa se ha marcado una estrategia de conseguir el 20% de peso industrial de cada país y eso significa que tenemos que aumentar nuestro producto interior bruto industrial un 50%. Creo que estamos en el buen camino porque la industria española es competitiva. Por ejemplo, la industria automovilística española es de las más competitivas a nivel mundial, de ahí que estemos muy bien posicionados. En España tenemos todos los ingredientes para ser una potencia mundial porque tenemos infraestructuras magníficas, tenemos magníficos profesionales, se ha posibilitado que las medidas de empleo nos lleven por el camino de la competitividad y ahora lo que hay que hacer es facilitar la innovación y que los ingenieros monten también sus propias empresas, tengan capacidad de emprender.
Pero el que esté como segunda profesión más demandada obedecerá a algo más que a la adaptación del profesional. Por ejemplo, ¿a los cambios en los procesos industriales?
Obedece más a esto último. Nos hemos adaptado, pero las empresas están necesitando un plus de innovación, de competitividad, de internacionalización, de calidad. Para todos esos procesos se necesita un ingeniero, lo que ocurre es que en España hay industrias muy pequeñas, la mayoría de menos de diez trabajadores y así es muy difícil que sean competitivas, pero ese tejido industrial es importante y lo que sí es cierto es que para que se introduzca esa capacidad de innovar en las empresas y aumentar la producción, hacen falta ingenieros. Haremos una campaña para decir algo así como “pon un ingeniero en tu empresa”, para meter en esa industria esa capacidad de innovación, de calidad, internacionalización, etc.
¿Por qué la España industrial es una España de pequeñas empresas?
Es algo tradicional, que procede de industrias familiares en muchas ocasiones. También es cierto que eso hace que muchas empresas no sean competitivas y se pierden por el camino, aunque vuelvan a comenzar de nuevo. Y como no se puede volver a comenzar con una gran empresa, siempre hay ciclos que hay que cumplir. Creo que toda aquella empresa que queda estancada porque no introduce innovación se acaba estancando y no logra crecer.
¿Palpan los ingenieros la recuperación de la que se habla?
A nivel general creo que sí la hay porque si se piden más ingenieros es síntoma de que empieza esto a moverse y que esta es la senda. Influye mucho también el creérselo. Es más la ilusión que genera la sensación de que hay más trabajo y eso afecta también a nuestra perspectiva. Si nosotros salimos y vemos el sol, decimos que hace buen día. Pues en la economía pasa algo parecido porque no es lo mismo ver el telediario diciendo que la prima de riesgo está en 600 puntos que ver que está a cien, que aumenta el consumo, etcétera. Creo que tenemos todos los ingredientes para empezar a crecer.
¿Pero llega todo eso a la economía de mostrador?
Eso ya es un poco más discutible. Lo que sí es cierto es que cada persona que abandona el paro eso ya es una alegría, pero sigue habiendo casi cinco millones de personas que no tienen esa posibilidad y que no encuentran trabajo aunque quisieran. Para que se note en la economía familiar habrán de pasar más cosas.
Los ingenieros españoles son demandados en otros países. Eso es bueno, por su cualificación, pero malo porque aquí no hay oportunidades.
En España ahora mismo no hay todas las oportunidades profesionales que necesitamos. Estamos en el contexto de la Unión Europea con mercado único también en lo laboral, por lo tanto no se tiene que ver como una huida o salida de los profesionales. Yo le recomiendo a cualquier ingeniero joven que si no tiene trabajo aquí, antes de hacer otro trabajo que no es el suyo, que salga fuera porque hay muchas oportunidades, además de aprender un idioma, de crecer profesionalmente, de ver otra cultura, también vas a países donde puedes aprender muchísimo. Nosotros tenemos un plan de movilidad internacional y todos aquellos que se inscriben en el plan le ofrecemos un plan de retorno, que consiste en mantenerles informados en todas aquellas posibilidades que vayan surgiendo en España. Es cierto que como en España no se vive en ningún sitio y las veces que hemos salido hemos escuchado a nuestros colegas que están en otros países nos dicen que no quieren echar raíces allí.
Las ingenierías son propicias para el trabajo autónomo y para el emprendimiento. ¿Lo detecta en el colectivo?.
Cuesta un poco pero sí que hay emprendimiento. No es fácil porque hay que hacer muchos intentos antes de acertar. Nosotros estamos impulsando el emprendimiento desde los colegios y desde el consejo general con premios al emprendimiento a través de la Fundación Técnica Industrial. Necesitamos  trabajar mucho las patentes, que estamos a la cola en España.
¿Qué opina de la polémica sobre los grados universitarios y los másteres, con la famosa fórmula tres más dos?
El problema fundamental es que debería haber una política de Estado en educación que dé estabilidad si queremos llegar a los indicadores de los países que son punteros en educación. No podemos actuar con estos vaivenes, que si ahora hay un real decreto que son los grados de cuatro y sin haber terminado y sin haber comprobado si esos grados de cuatro años funcionan o no ya digan que se van a pasar a tres, que cada partido utilice un argumento diferente... Todo eso es confuso. En España el bachillerato acaba con 18 años y en la mayoría de países, con 19 y por eso tienen grados de tres años, de ahí que salgan con titulación universitaria con 22 años. No se pueden hacer las reformas de forma aislada, debería ser integral y a través de un pacto de Estado para dar estabilidad. Todo este tipo de vaivenes no benefician a nadie porque se genera confusión a todos los niveles.

viernes, 16 de mayo de 2014

Entrevista en Radio Mallorca (Mayo 2014)

Os dejo una entrevista en Radio Mallorca sobre cuestiones Industriales y Turísticas que van totalmente unidas.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Aconsejo a los jóvenes ingenieros sin trabajo que salgan fuera y se realicen


Entrevista publicada en la Nueva España (Marzo 2014)

José Antonio Galdón es el presidente del Consejo General de la Ingeniería Técnica Industrial, una profesión "con demanda y futuro". Ayer visitó el campus de la Escuela Politécnica de Ingeniería para , a pesar de la crisis, lanzar a los estudiantes "un mensaje positivo", porque "están muy bien preparados y hay muchísimas oportunidades".
-¿Sigue siendo la falta de trabajo en España la principal preocupación entre los titulados?
-Efectivamente la principal preocupación es el empleo, cómo van a trabajar tanto aquí como fuera. También les surgen las dudas con respecto a la profesión de ingeniero técnico, que no existe en ningún país del mundo, y tenemos que dejarles claro que van a poder trabajar fuera como ingenieros.
-¿Qué actuaciones lleva a cabo el Consejo para ayudar a los nuevos titulados?
-Sobre todo los orientamos para que puedan encontrar empleo. Lo más importante es la formación continua que van a necesitar, y que la propia normativa prevé que sea obligatoria para los profesionales, y nosotros contamos con una plataforma de formación on-line. Otra cuestión importante es la competitividad de los propios profesionales; la ley va a eliminar esa barrera, esos cotos cerrados que hay hoy en día para los profesionales en función de las ramas de la profesión de ingeniería, y van a tener que ser más competitivos, tendrán que venderse mejor y tener su propia marca personal, donde venga reflejada toda su formación, experiencia y competencias profesionales. También tenemos una plataforma pro empleo de los ingenieros que aparte les dará información sobre todas las nuevas oportunidades profesionales que vayan surgiendo aquí.
-¿Y para quienes están ya fuera?
-Hoy en día, y como desgraciadamente nos seguimos viendo obligados a salir a trabajar afuera, tenemos un plan de movilidad internacional, con un punto de contacto por ejemplo en Stuttgart, donde los ingenieros pueden dirigirse a una oficina física en la zona más industrializada del mundo con el sector automovilístico. En ese plan de movilidad les vamos a ofrecer todas las posibilidades para salir fuera, toda la información que necesitan para trabajar en otros países y también va a llevar asociado un plan de retorno que para nosotros es lo más importante. Ahora mismo, si no hay oportunidades en España, que salgan fuera, que trabajen, aprendan y se realicen como profesionales y que tengan la posibilidad de regresar. Estamos peleando muchísimo para ver si somos capaces de reactivar nuestro tejido industrial, que es la pieza fundamental que nos falta hoy en día. Van a ser los jóvenes los que van a tener que enfrentar todos estos cambios; la nuestra es una profesión centenaria, pero en breve se va a iniciar una etapa nueva, y son ellos los que van a tener que ejercer esa transformación. Es importante que sepan que tienen compañeros detrás que les van a ayudar a superar estas dificultades.
-¿En qué consiste el plan de retorno?
-El Plan de retorno se basará sobre todo en la información, mantener a los compañeros que salen fuera en contacto para notificarles todas aquellas nuevas oportunidades profesionales que vayan surgiendo en nuestro país, en diferentes campos profesionales, y que en el momento en que puedan y quieran regresar, puedan hacerlo.
-¿Están los nuevos graduados concienciados de que lo más fácil es que tengan que irse de España?
-Estamos hablando de que tenemos un 14 por ciento de desempleo, seguimos siendo una de las profesiones más demandadas dentro de nuestro país. Pero aún así es cierto que estábamos acostumbrados a un paro testimonial, puramente de mejora de empleo. Yo les recomiendo a todos que antes de quedarse aquí, trabajando en algo que no sea lo suyo, se vayan fuera porque hay muchísimas oportunidades, y les vendrá bien como experiencia personal, para aprender otro idioma y también para crecer profesionalmente. Es una experiencia totalmente enriquecedora y no hablamos de fuga de talentos, sino de que vamos a potenciar esos talentos fuera de España para luego poder aprovecharlo aquí; hay que verlo siempre desde un punto de vista positivo.
-¿Qué consejos les daría a los estudiantes?
-El mensaje que yo siempre traslado es positivo, de que hay muchísimas oportunidades, de forma especial en el emprendimiento. Los chavales tienen una titulación con muchísimas competencias que les va a abrir muchas puertas. Es una carrera muy generalista, demandada y con conocimientos sólidos. Ellos también se lo tienen que creer, y responsabilizarse para ofrecer a la sociedad todo lo que han recibido de ella. La formación del ingeniero conlleva un coste y deben asumir su responsabilidad para trabajar y aportar a la sociedad. El camino es largo, pero que vayan poco a poco y con ilusión, que no cunda el desánimo. No cabe duda de que un ingeniero español allá donde vaya está bien considerado, hemos demostrado ser ingenieros punteros y aunque tengamos mala imagen por otras cuestiones, sí que en esto no hay duda de que somos buenos.

martes, 10 de diciembre de 2013

Reindustrializar el futuro

Publicado en la Revista Técnica Industrial (Dic. 2013)

La industria es la base esencial para generar estabilidad en la economía y el empleo en cualquier país o región, y son estos dos factores los que facilitan el bienestar y la paz social que necesitamos. Pero es que, además, la industria es también el soporte de la investigación, el desarrollo y la innovación, y sin industria no hay investigación, y sin innovación no hay industria competitiva. Para ver dónde está la industria española, de dónde venimos y dónde queremos ir, convendría hacer una revisión de cual ha sido la evolución del sector industrial en nuestro país en los últimos tiempos.
Desde 1975, la industria ha pasado de representar casi el 40% del PIB nacional a un pírrico 15,9%. Hemos pasado de ser la décima potencia mundial en producción industrial a ocupar una posición mucho más discreta. En el contexto europeo, si descontamos el peso del sector energético, el sector industrial en España alcanzaría el 13,3% del PIB, muy inferior a la media europea del 18%, encontrándonos a la cola en producción industrial, solo por delante de Grecia y Chipre. Y todo ello teniendo en cuenta que entre 2008 y 2012 hemos perdido el 30% de nuestro sector industrial, provocado en gran parte, por la enorme dependencia del mercado nacional y su gran exposición al sector de la construcción.
Esta decadencia industrial afecta a la práctica totalidad de la Unión Europea, que ve con preocupación cómo se va perdiendo el tejido industrial que representó la prosperidad económica y social desde mediados del siglo XIX hasta la fecha; todo ello producido en gran parte por la progresiva deslocalización de las industrias para producir en países emergentes con muchísimo menor coste. Pero, afortunadamente, esta crisis, que como buen optimista diré que estamos superando, nos ha hecho cambiar la percepción y crear una necesidad europea de la reindustrialización, hasta el punto de que países como Francia tienen un Ministerio de “Recuperación Industrial”.
Tenemos un reto importantísimo que pasa no solo por recuperar ese 30% de industria perdido en los últimos 5 años, sino que nos fija como objetivo pasar del 13,3% al 20% del PIB, que es la cifra clave que maneja la Unión Europea en el Plan Europeo de Reindustrialización, lo que nos lleva a tener que aumentar en un 50% nuestra producción industrial desde hoy hasta el año 2020. Desde una perspectiva macroeconómica, esto parece imposible, pero estoy seguro de que si a todos nosotros nos preguntasen si seríamos capaces de producir un 50% mas en siete años, responderíamos que sí, y ahí es donde está el secreto para alcanzar las cifras macroeconómicas y para conseguir los objetivos de un país.
La influencia de la industria en el empleo es todavía mayor. Desde 1975, se han destruido 1,2 millones de puestos de trabajo, mientras el mercado laboral se ha ampliado en 4 millones, y ha pasado de representar el 40% de la ocupación total al 14%. En los últimos cinco años, se han perdido más de 650.000 empleos directos en la industria y otros tantos puestos de trabajo indirectos. El que la industria y la manufactura reciba el nombre de sector secundario no significa que haya de estar en segundo plano. Pero este problema de desempleo se agrava al constatar que nuestros ingenieros tienen que salir a otros países para poder desarrollarse profesionalmente, y aunque esperemos que sea solo de forma temporal, estamos perdiendo uno de nuestros pilares de desarrollo: el capital humano.
España es un país que cuenta con magníficos ingenieros. Desgraciadamente, después de haber realizado una inversión importante en su formación, no puede recoger los frutos por la falta de oportunidades laborales. Afortunadamente, hay países que los necesitan y en ellos pueden aplicar y ampliar sus conocimientos, y adquirir un bagaje profesional y personal, que esperemos que puedan desarrollar pronto en nuestro país. Para ello, es importante que establezcamos un plan de retorno de ingenieros y profesionales que los mantenga informados sobre las nuevas oportunidades que vayan surgiendo al amparo del ansiado impulso del sector industrial.
Y es que España tiene todos los ingredientes para volver a ser uno de los países mas industriales y competitivos del mundo. Tenemos magníficas infraestructuras; somos ahora un país mas competitivo en materia laboral y productiva (un claro ejemplo son las numerosas inversiones realizadas en las plantas de fabricación de vehículos, que nos sitúa en el undécimo puesto mundial con 1,9 millones de vehículos y el segundo europeo); tenemos una mano de obra numerosa, cualificada y con ganas de encontrar trabajo; tenemos los mejores ingenieros y profesionales del sector; estamos recuperando poco a poco la confianza de los mercados, y volvemos a ser apetecibles para los inversores. Además, tenemos buen clima, buena gastronomía y buenas gentes. ¿Qué más se puede pedir?
Necesitamos una política energética estable que genere confianza en los inversores, y una energía barata que no sea un lastre para la competitividad. Necesitamos acceso al crédito para la mejora tecnológica de nuestras industrias y para emprender nuevos proyectos industriales. Necesitamos una armonización y homogeneización de las normativas autonómicas y locales, que proporcionen seguridad jurídica a los inversores, sin descuidar la seguridad industrial como está ocurriendo hora. Necesitamos el fomento de la cultura industrial dentro del sistema educativo español, y esto no se consigue precisamente reduciendo a la mínima expresión la materia de tecnología en la nueva reforma educativa. Necesitamos la consolidación y potenciación de los programas conjuntos de investigación y desarrollo entre universidades y pequeñas y medianas industrias, para que estas puedan tener acceso a la innovación que necesitan. Necesitamos el fomento de la cultura de la propiedad tecnológica industrial, en la que nos encontramos a la cola europea.
Pero todo esto no sirve de nada si no va unido a la asunción de responsabilidades por todos y cada uno de los que formamos parte de esta sociedad. Ya está bien de lamentos, ya está bien de quejarse por lo que los demás no hacen. Hemos de pasar a la acción, y lo digo sobre todo por los más jóvenes, a los que muy desafortunadamente se les ha puesto la etiqueta de “generación perdida”, que entre todos debemos cambiar por la de “generación del éxito”.
Y el éxito solo es posible cuando se tienen inquietudes, se plantean retos, se asumen riesgos y, sobre todo, se trabaja mucho y de forma honrada. Este es el camino y esta es nuestra responsabilidad con la sociedad, a la que no podemos defraudar.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Discurso de Inauguración del III Congreso Ingenio Responsable : "Reindustrializar el futuro"

Aquí podréis ver el video del discurso inaugural del III Congreso Ingenio Responsable que organizamos desde el Colegio de la Región de Murcia, y que como comprobaréis marca nuestra apuesta por la Industria como motor de nuestra economía, algo que refrendó el entonces Presidente de la CARM D. Ramón Luis Varcarcel Siso.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Encuentros para impulsar la Industria

Publicado en la Revista Técnica Industrial (Sept. 2012)

Un año más, y ya van 17, se ha celebrado en la maravillosa ciudad de Gijón una nueva edición de los Encuentros con los ingenieros técnicos industriales, magníficamente organizados por el Colegio del Principado de Asturias. Lo que se llama “encuentros” resultan ser unas jornadas de trabajo intensas en las que se tratan los temas de máxima actualidad profesional. Aunque, por desgracia, en la actual coyuntura se ven empañados por la mala situación general de nuestra economía, los temas se abordan des-de el optimismo y la oportunidad que siempre respira nuestra profesión, acrecentados por la festividad de las fechas veraniegas y el entorno en el que se celebran. Pero todo ello no sería posible sin el amor a la profesión y el compromiso con la sociedad que impregnan estos encuentros y que se encarga de insuflar nuestro querido compañero Enrique Pérez.
Uno de los temas centrales del programa de este año fue el de las smart cities o ciudades inteligentes, que conjuga perfectamente la necesidad creativa y tecnológica de los ingenieros y la calidad de vida de los ciudadanos, como quedó patente con las diferentes ponencias realizadas. Este campo representa, ciertamente, un importante área de trabajo para nuestros profesionales, a pesar de la imposibilidad actual de realizar grandes inversiones. Pero esta dificultad estimula todo nuestro ingenio para conseguir estos objetivos con el menor coste posible. No cabe duda de que la mejora del entorno y la calidad de vida en las ciudades son objetivos clave y fundamentales para el correcto desarrollo y prosperidad de nuestra sociedad, y por tanto lo son también para la Ingeniería Técnica Industrial española.
En estas jornadas me correspondió rescatar un tema que por obvio parece olvidado, que es el de la seguridad industrial. Se trata de un asunto tan asumido por la sociedad que pasa casi desapercibido. Esta seguridad, que no deja de ser un derecho de los ciudadanos, como así viene reflejado en nuestra Constitución, está en “peligro de extinción” si no se adoptan las medidas necesarias que consigan el equilibrio óptimo entre la “liberalización” y la “calidad” de los servicios profesionales, que, por otro lado, son objetivos básicos de la Directiva de Servicios 2006/123/CEE. Y es que en España se ha hecho y se está haciendo una transposición muy sesgada hacia la liberalización y se está obviando la seguridad, lo cual producirá un desequilibrio nada deseable en nuestra sociedad. Es obvio que la burocracia en nuestro país es excesiva, como también lo son las barreras administrativas y legislativas entre las diferentes comunidades autónomas, Diputaciones y Ayuntamientos, pero también es obvio que para solucionar ese problema no es necesario recortar la seguridad de los ciudadanos, y que bastaría con ser coherentes y tener claros los objetivos perseguidos.
Si pretendemos una agilización administrativa, que, a su vez, favorezca una mayor competitividad empresarial y emprendedora, esta pasaría siempre por la seguridad jurídica que necesitan estas empresas y por la seguridad que necesitan los ciudadanos, y al parecer estos conceptos no están claros, y se está tomando un camino equivocado. Lo prioritario es homogeneizar y armonizar normativas y procedimientos, para así tener –como así lo dice la Constitución española– un mercado único y poder integrarnos en el mercado único europeo. Pero, además de esto, hay que tener en cuenta las enormes posibilidades que la administración electrónica ofrece y que no están siendo utilizadas, y todo ello sin olvidarnos de la labor de colaboración con la Administración que realizan los colegios profesionales desde la perspectiva de control profesional y mejora de la calidad de los servicios profesionales.
Todo esto, enmarcado en el contexto europeo, fue expuesto por el jefe de Gabinete del Comisario de Industria y vicepresidente de la Comisión Europea, con quien además coincidimos en la imperiosa necesidad de una tercera revolución industrial. Y es que no cabe duda de que las economías que mejor están resistiendo esta crisis son las más industrializadas, ya que la industria representa el motor de toda una sociedad que se mueve bajo las ruedas de la innovación, el desarrollo, la investigación y el progreso.
Llegados a este punto, parece claro que nuestro país necesita potenciar la industria y para ello cuenta con todos los ingredientes necesarios, pero hace falta cocinarlos adecuadamente. Da la impresión de que dentro de la Unión Europea se está polarizando la industria en determinados países, y nosotros no somos precisamente uno de esos polos. Resulta que nuestro capital humano (ingenieros y personal cualificado) está siendo reclamado en otros países, porque aquí no somos capaces de emplearlo; resulta también que todas las magníficas infraestructuras que se han creado en nuestro país (en algunos casos desproporcionadas) están siendo infrautilizadas, y además nuestros salarios son muy inferiores a los de los países polarizados industrialmente. Pues bien, este cúmulo de factores representa nuestro gran potencial, y ahora solo necesitamos crear el clima necesario para que podamos atraer inversiones extranjeras, que implanten sus industrias y de esta forma impidamos nuestra descapitalización humana, que significará a la larga nuestra condena al estancamiento y la recesión.
Para concluir estas jornadas, y a modo de puesta en común, se realizó por primera vez en Gijón un pleno-asamblea extraordinario del Consejo General de la Ingeniería Técnica Industrial, en el que estuvieron representados los 50 colegios. En este pleno se enfatizó la necesidad de mejorar la calidad de los servicios profesionales y las actuaciones de los colegios profesionales. Termino con un agradecimiento especial al Colegio del Principado de Asturias y a su decano, por haber sabido crear ese clima ideal. Y os animo a todos a reproducir diariamente esas condiciones porque sin duda alguna nos ayudarán a trabajar y a pensar más y mejor, que es lo que necesitamos.

viernes, 10 de agosto de 2012

Si España tiene los ingenieros y Alemania la industria, que se trasladen ellos aquí

Entrevista publicada en La Nueva España (Agosto 2012)


El presidente del Consejo de la Ingeniería Técnica Industrial, José Antonio Galdón Ruiz, lleva varias semanas visitando los colegios profesionales que integran este órgano para dar a conocer el sistema de acreditación que acaban de poner en marcha para los ingenieros técnicos industriales de España. Esta iniciativa avala y certifica la formación continua y la experiencia profesional de quienes accedan a este sistema. El proyecto surge de una necesidad propia de los profesionales: la de contar con una herramienta que, como en otros países, facilite su reconocimiento social y certifique el grado de maestría del profesional y las capacidades adquiridas.



-¿Qué beneficios tendrán los ingenieros que se acrediten?
-A parte de que van a tener un currículo totalmente certificado que acredita que todo lo que se dice allí es veraz, les da la posibilidad de realizar un desarrollo profesional continuo, incentivándoles para poco a poco vayan prosperando dentro de su carrera profesional. Además, lo que hace es una diferenciación porque da una marca personal a cada ingeniero que con la competitividad que existe hoy en día entre los profesionales les aporta una aval para que sean reconocidos directamente por la sociedad. De alguna forma, la acreditación lo que hace es identificarles como un tipo de ingeniero: junior, senior, advance o expertise.



-¿Qué compromisos asume el ingeniero?
-El de la formación continua. Hoy en día todos los ingenieros necesitan una formación permanente porque los avances tecnológicos son muchos y los cambios normativos constantes, pero es algo que la sociedad no ve. Con el nuevo sistema de acreditación, en función del nivel que tengas, es necesario realizar una formación específica y esa formación se hace visible a la sociedad de forma que cualquiera que vaya a contratar los servicios de un ingeniero acreditado sabe que es un ingeniero totalmente formado y preparado en las últimas tecnologías.



-¿Hay receptividad entre los profesionales a incorporarse a este modelo?
-Sí, pero es un sistema que se tiene que ir introduciendo paulatinamente en la sociedad. Poco a poco irá calando. Ahora mismo levanta mucha inquietud entre los colegiados porque se preguntan para qué sirve, pero de lo que se trata es de que la propia sociedad exija que exista este tipo de acreditación, igual que ocurrió en otros países.

-Pero implica costes para quienes deseen asumirlo...
-Hemos establecido unos precios básicos para que cubran los gastos de gestión. El sistema de acreditación obliga a validar y compulsar todos los documentos y conlleva el mantenimiento de la página web y la bolsa de empleo. Todas esas cuestiones son las que se tratan de cubrir con los precios. La máxima tasa, la de expertise, son 150 euros, asumible. Además, uno de los grandes objetivos de la acreditación es que los ingenieros puedan encontrar empleo. Para los que están en paro, en algunos casos el trámite es totalmente gratis.



-¿Cuántos ingenieros se contabilizan en este momento en situación de desempleo?
-Las estadísticas señalan que la tasa de paro ronda entre el 10 o el 12%. Es inferior al resto de trabajadores. También tenemos muchos profesionales que están intentando salir fuera porque la demanda de ingenieros desde el exterior es importante.

-¿Alemania es el destino natural para un ingeniero?
-Sí. Alemania, Reino Unido... todos esos países son de los que más ofertas nos están llegando porque la industria suya sigue creciendo aunque ya empieza también a resentirse. La realidad en Alemania es que sus ingenieros están envejeciendo y no existe vocación de estudiar Ingeniería. Por eso están viendo que necesitan rejuvenecer las plantillas porque si no, no van a poder mantener la industria.

-¿Sería esa la oportunidad para los ingenieros españoles que ahora mismo se encuentran en paro o tratando de hacerse un hueco en el mercado laboral?
-Es una de las posibilidades, no la única. Si España tiene los ingenieros y Alemania tiene la industria, pues que traigan la industria aquí que les saldrá más barato, antes de que los ingenieros nuestros tengan que irse fuera. Yo creo que en España se deberían sentar las bases de un modelo de crecimiento y desarrollo industrial que resulte atractivo para que las empresas alemanas se asienten aquí. Ya que tenemos la capacidad técnica para llevar adelante ese tipo de industrias, que se implanten en España. Nos dicen que en Alemania un ingeniero cobra mucho más que en nuestro país. Pues vamos a ver si nos ponemos de acuerdo sin necesidad de exportar siempre nuestro capital humano.

-¿Están bien vistos en Europa los ingenieros españoles?
-Por supuesto. Los alemanes y los austriacos no piden profesionales. En realidad, los ingenieros españoles están mucho mejor valorados más allá de las fronteras de nuestro país que dentro.

-¿Bolonia les ha perjudicado tanto como dicen?
-Partiendo de la base de que el sistema de Bolonia trataba de unificar los títulos universitarios a nivel europeo nos hemos dado cuenta de que ha sido un auténtico fracaso. Se planteaba hacer unos títulos de ingenieros que pudieran ser válidos para toda Europa pero se sacan los tres niveles (graduado, máster y doctorado) que no coinciden en ningún momento con la denominación de otros países, incluso, si me apuras, ni con la duración de los estudios porque hay países que tienen grados de tres y cuatro años, con lo cual lo que estamos es desunificando todo.

-¿Qué solución plantean?
-El nombre de la titulación no es significativo porque no dice exactamente nada sobre esa persona. Nosotros entendemos y defendemos a capa y espada que lo importante es qué sabes hacer. Para eso está la acreditación profesional. Y si lo sabes hacer en España, lo sabes hacer en Francia, en Inglaterra, en Brasil... Entonces defendemos un título profesional donde se recojan las competencias profesionales de cada uno. Esa es la única manera de identificarnos fuera de nuestras fronteras. Los títulos académicos son lo que son, cada universidad le pone el nombre que quiere y luego ninguno de ellos coincide.

-¿La convivencia de grados especialistas con másteres generalistas complica la situación?
-Se está haciendo Bolonia a la inversa y en la ingeniería se ha hecho así. Cuando se hablaba de que los grados tenían que ser generalistas y los másteres especialistas, en España se ha hecho al revés por seguir manteniendo la estructura que había antes y venía de hace dos siglos. Ya está bien.

-¿Se sienten discriminados? 
-Yo creo que hoy en día la universidad española no se puede permitir el lujo de formar un ingeniero para que salga a la calle y le llamen ingeniero inferior porque hay otro que es superior, en sentido figurado. Y eso no ocurre en ningún país de Europa ni del mundo, que se mantengan dos niveles en la función pública para titulados universitarios. De hecho, los ingenieros técnicos industriales podemos ser del máximo nivel en Europa y, sin embargo, en España no. ¿Dónde se ha visto eso? Eso carece de sentido. Tenemos que modificar los planteamientos.


martes, 26 de junio de 2012

Entrevista en Onda Cadiz TV (Junio 2012)

Entrevista en Onda Cádiz TV, junto al Presidente del Consejo Andaluz y el Secretario del COGITI, sobre todos los temas de actualidad de la Ingeniería Técnica Industrial.                                                                                              

miércoles, 10 de agosto de 2011

La experiencia es un grado


Publicado en la Revista Técnica Industrial (Agosto 2011)

Todos hemos escuchado las expresiones que dicen “la experiencia es un grado” o “sabe más el demonio por viejo que por demonio”, y ninguna de las dos es fruto de la casualidad, sino que forman parte de la gran sabiduría popular que, a lo largo del tiempo, ha formulado dichas sentencias a partir del funcionamiento de nuestra sociedad.
Pero el valor de la experiencia no solo es sabiduría popular, sino que está presente en numerosos aspectos de nuestra vida cotidiana y laboral. Así, durante el primer año tras haber obtenido el permiso de circulación, hay que llevar la “L” de conductor novel y cumplir determinadas restricciones; en las ofertas de empleo se valora la experiencia profesional, a veces de forma excluyente; en los diferentes trabajos se incrementa el salario en función de los trienios o quinquenios, y así un largo etcétera de ejemplos en los que se valora la experiencia. Y esta experiencia no solo es reconocida en el ámbito profesional, sino que confiere además valores de índole social, por cuanto aporta de conocimientos y sabiduría a quienes la poseen.
El título de este artículo también puede trasladarse a la situación actual que estamos viviendo los ingenieros técnicos industriales, y para ello es preciso introducir de forma muy breve el proceso de adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior y su implantación en nuestro país. El Real Decreto 1393/2007 es el resultado de todo el proceso de armonización de estudios universitarios en Europa, iniciado en 1999 con la Declaración de Bolonia y que trae consigo una nueva estructura de títulos universitarios, en la cual se establecen tres nuevos niveles, que son grado, máster y doctorado.
Al mismo tiempo, establece de forma muy clara que los grados han de ser titulaciones de 4 años y 240 créditos ECTS y formación generalista; los máster, una duración entre 60 y 120 créditos ECTS y muy especializados en una o varias materias, y los doctorados similares a los actuales con pequeños matices.
Una vez estructurado el sistema universitario, y sin realizar la correspondiente reforma en el sistema profesional, se liga el título académico de graduado a la profesión de ingeniero técnico y el de máster a la de ingeniero. Queda también muy claro que la titulación de referencia para el ejercicio profesional es la de graduado, y que, por supuesto, coincide con el resto de profesiones de nuestro país y de toda Europa.
A partir de aquí, el Gobierno pensaba que tenía resuelto el problema, por lo menos de forma provisional, pero no contaba con el inconformismo y la visión de futuro de nuestro colectivo, que con buen criterio y quizás también obligado por las diferentes disposiciones legales que limitan el acceso a determinados puestos de trabajo a los titulados de grado, quiere obtener la nueva titulación académica. Y es que, para acceder al grupo A1 de la función pública es imprescindible la titulación de graduado, para poder acceder al cuerpo de educación secundaria en materias diferentes a las tecnologías se exige el título de graduado, para moverse libremente por Europa sin problemas es casi imprescindible el título de graduado, y así un largo etcétera de ventajas. Todo ello, por supuesto, nos hace pensar que la nueva titulación nos incorpora al mercado de trabajo de referencia y de futuro, y no debemos perder este tren.
Ahora bien, para subirnos a este tren y obtener la titulación de Graduado en Ingeniería, estamos encontrando numerosas dificultades, propiciadas por la falta de plazas en las universidades públicas y por la gran disparidad de criterios, tanto en los contenidos académicos (desde 24 ECTS+TFG a 78 ECTS+TFG) como en el reconocimiento de la experiencia profesional (de 0 a 36 créditos ECTS), lo cual nos lleva a un total desconcierto.
He aquí el momento de buscar solución al problema y sobre todo de aplicar la lógica de la experiencia y los criterios que a su vez nos vienen impuestos desde la propia Europa a través de la directiva 2005/36. Y es que, la experiencia adquirida en nuestros respectivos campos profesionales ha de tener el adecuado reconocimiento académico, y máxime en este momento de transición en el que se hace más necesario, si cabe, el facilitar la incorporación de los titulados actuales al futuro, y evitar de esta forma el elevado coste social que ello conlleva. Pero es más, desde la responsabilidad y la coherencia, hemos de facilitar que nuestros compañeros puedan dedicar sus recursos a la realización de aquellos máster o cursos de formación que realmente les sean útiles para su desarrollo profesional o para satisfacer sus inquietudes académicas, y contribuir de esta forma a tener una sociedad mas eficiente y funcional que, entre otras cosas, es lo que nuestro país necesita.
Con el deseo y la convicción de que nuestra experiencia se convierta en un grado, os animo a seguir trabajando con la profesionalidad y el ingenio que define nuestra profesión y que hace fuerte a nuestro colectivo. Que la experiencia os guíe.

lunes, 18 de julio de 2011

El Colegio Profesional no ha de ser un coto cerrado


Entrevista publicada en CincoDias (Julio 2011)

Murciano de 36 años, desde marzo preside el consejo que agrupa a los colegios de ingenieros técnicos industriales, que suma 93.000 profesionales. Una de sus prioridades es lograr que a los ingenieros técnicos con experiencia se les reconozca el título de grado en ingeniería automáticamente.
¿En qué punto están las negociaciones con los grupos políticos?
En principio, la propuesta de proposición no de ley la vio con buenos ojos el PP y la quieren presentar ellos. Hay gran demanda social de ingenieros técnicos industriales que quieren acceder por la pasarela al grado. La universidad pública no tiene medios para hacer esos cursos pasarela entre el ingeniero técnico y el grado. Como ejemplo, en Valencia hay 2.700 profesionales interesados y la Politécnica ofrece 110 plazas. Necesitaríamos 26 años.
¿Y en las privadas?
Tienen mucha más agilidad y autonomía a la hora de organizar estos cursos y lo han visto como una oportunidad de negocio importantísima. Están haciendo pasarelas más asequibles para ingenieros que están trabajando, pero cobran matrículas abusivas. Si somos españoles y pagamos impuestos para la universidad pública, ¿por qué tenemos que recurrir a la privada?
¿Ve algo positivo en el Plan Bolonia?
Sí, que nos abre las puertas a toda Europa. No estamos de acuerdo en cómo se ha hecho la transposición en las ingenierías. Las ingenierías de grado han de ser generalistas y los másteres, especialistas. Pero aquí, para mantener la estructura anterior de ingenieros técnicos y de segundo ciclo, se ha hecho al revés.
Muchos ingenieros se van al extranjero. ¿Es inevitable?
Algo inevitable y si me apura, necesario. Si aquí trabajan de camareros prefiero que salgan para desarrollarse profesionalmente. Habrá algunos que volverán y otros no. Me voy a reunir con el director de la Cámara de Comercio Alemana para que nos traslade las ofertas que hay en ese país y ver qué formación necesitan los ingenieros para irse. Sobre todo, lingüística, donde somos muy deficitarios.
¿Se han generado demasiadas expectativas con Alemania? ¿Ve el idioma como una barrera?
Muchas empresas nos dicen que es mucho más importante el perfil que el idioma. De hecho, cuando llegan los ingenieros los apuntan a clases de alemán para que lo aprendan en seis meses. El idioma es la gran barrera de los ingenieros para salir fuera. En Alemania estamos muy valorados porque la formación técnica es de primera.
¿Hay visos de mejora del empleo en España?
No, la perspectiva es delicada. Dentro de los pocos sectores con demanda de empleo están las energías renovables y la eficiencia energética.
¿Cree que los colegios tienen que cambiar?
Por supuesto. Hemos vivido en una época en la que todo funcionaba, todo rodaba. Y una institución de este tipo es reacia a los cambios, pero hay que verlos de forma positiva porque los colegiados ya no son los de antes. Si los colegios no se adaptan a las nuevas circunstancias no van a tener credibilidad. Hay que dar otros servicios, como la acreditación profesional, convenios que faciliten condiciones ventajosas a los colegiados, mayor formación o comunicación. Hay que fomentar la participación de los colegiados en la toma de decisiones, en la presentación de propuestas, los colegios no tienen que ser cotos cerrados.

Contra los ingenieros de dos clases

¿Se da por descartada ya definitivamente la Ley de Servicios Profesionales?
Al no tener consenso parlamentario, el Gobierno la ha dejado sobre la mesa. Tenemos próximas unas elecciones. Habida cuenta de la fuerte oposición en algunos colectivos, no han querido desgastarse más. Si no viene esta ley, vendrá otra para solucionar las profesiones reguladas que tenemos en España. No estábamos de acuerdo con la colegiación no obligatoria (que proponía el borrador). Desde que entró en vigor la Ley âmnibus, que elimina el visado para muchos proyectos, sabemos de casos de falsificación de visados, intrusismo... Si no se exige la colegiación, sería mucho peor porque el cliente estaría indefenso. Pero el borrador de la Ley de Servicios Profesionales eliminaba las diferencias entre ingeniero técnico y de segundo ciclo. Esa es una reivindicación que le hemos hecho a los Gobiernos. Es rancio que haya ingenieros de primera y segunda. Ahora esto con los grados cambia por completo. Ahí la ley acertaba, otra cosa es que se eliminen las barreras horizontales dentro de la ingeniería. Eliminar las barreras horizontales, el visado y la colegiación es un disparate si se hacen las tres cosas juntas. Nuestra posición ante la ley era positiva con matices, pero se estaba pasando de un sistema muy controlado con la Ley âmnibus, en la que estaba todo muy vigilado, muy regulado y con mucha protección al ciudadano, a la desprotección total.
¿Qué efectos ha tenido la desaparición del visado?
Los colegiados siguen visando pero se está notando que siempre hay algunos que hace proyectos sin seguro, casos de falsificación de firmas de compañeros y se están falsificando visados en los colegios profesionales.