viernes, 10 de agosto de 2012

Si España tiene los ingenieros y Alemania la industria, que se trasladen ellos aquí

Entrevista publicada en La Nueva España (Agosto 2012)


El presidente del Consejo de la Ingeniería Técnica Industrial, José Antonio Galdón Ruiz, lleva varias semanas visitando los colegios profesionales que integran este órgano para dar a conocer el sistema de acreditación que acaban de poner en marcha para los ingenieros técnicos industriales de España. Esta iniciativa avala y certifica la formación continua y la experiencia profesional de quienes accedan a este sistema. El proyecto surge de una necesidad propia de los profesionales: la de contar con una herramienta que, como en otros países, facilite su reconocimiento social y certifique el grado de maestría del profesional y las capacidades adquiridas.



-¿Qué beneficios tendrán los ingenieros que se acrediten?
-A parte de que van a tener un currículo totalmente certificado que acredita que todo lo que se dice allí es veraz, les da la posibilidad de realizar un desarrollo profesional continuo, incentivándoles para poco a poco vayan prosperando dentro de su carrera profesional. Además, lo que hace es una diferenciación porque da una marca personal a cada ingeniero que con la competitividad que existe hoy en día entre los profesionales les aporta una aval para que sean reconocidos directamente por la sociedad. De alguna forma, la acreditación lo que hace es identificarles como un tipo de ingeniero: junior, senior, advance o expertise.



-¿Qué compromisos asume el ingeniero?
-El de la formación continua. Hoy en día todos los ingenieros necesitan una formación permanente porque los avances tecnológicos son muchos y los cambios normativos constantes, pero es algo que la sociedad no ve. Con el nuevo sistema de acreditación, en función del nivel que tengas, es necesario realizar una formación específica y esa formación se hace visible a la sociedad de forma que cualquiera que vaya a contratar los servicios de un ingeniero acreditado sabe que es un ingeniero totalmente formado y preparado en las últimas tecnologías.



-¿Hay receptividad entre los profesionales a incorporarse a este modelo?
-Sí, pero es un sistema que se tiene que ir introduciendo paulatinamente en la sociedad. Poco a poco irá calando. Ahora mismo levanta mucha inquietud entre los colegiados porque se preguntan para qué sirve, pero de lo que se trata es de que la propia sociedad exija que exista este tipo de acreditación, igual que ocurrió en otros países.

-Pero implica costes para quienes deseen asumirlo...
-Hemos establecido unos precios básicos para que cubran los gastos de gestión. El sistema de acreditación obliga a validar y compulsar todos los documentos y conlleva el mantenimiento de la página web y la bolsa de empleo. Todas esas cuestiones son las que se tratan de cubrir con los precios. La máxima tasa, la de expertise, son 150 euros, asumible. Además, uno de los grandes objetivos de la acreditación es que los ingenieros puedan encontrar empleo. Para los que están en paro, en algunos casos el trámite es totalmente gratis.



-¿Cuántos ingenieros se contabilizan en este momento en situación de desempleo?
-Las estadísticas señalan que la tasa de paro ronda entre el 10 o el 12%. Es inferior al resto de trabajadores. También tenemos muchos profesionales que están intentando salir fuera porque la demanda de ingenieros desde el exterior es importante.

-¿Alemania es el destino natural para un ingeniero?
-Sí. Alemania, Reino Unido... todos esos países son de los que más ofertas nos están llegando porque la industria suya sigue creciendo aunque ya empieza también a resentirse. La realidad en Alemania es que sus ingenieros están envejeciendo y no existe vocación de estudiar Ingeniería. Por eso están viendo que necesitan rejuvenecer las plantillas porque si no, no van a poder mantener la industria.

-¿Sería esa la oportunidad para los ingenieros españoles que ahora mismo se encuentran en paro o tratando de hacerse un hueco en el mercado laboral?
-Es una de las posibilidades, no la única. Si España tiene los ingenieros y Alemania tiene la industria, pues que traigan la industria aquí que les saldrá más barato, antes de que los ingenieros nuestros tengan que irse fuera. Yo creo que en España se deberían sentar las bases de un modelo de crecimiento y desarrollo industrial que resulte atractivo para que las empresas alemanas se asienten aquí. Ya que tenemos la capacidad técnica para llevar adelante ese tipo de industrias, que se implanten en España. Nos dicen que en Alemania un ingeniero cobra mucho más que en nuestro país. Pues vamos a ver si nos ponemos de acuerdo sin necesidad de exportar siempre nuestro capital humano.

-¿Están bien vistos en Europa los ingenieros españoles?
-Por supuesto. Los alemanes y los austriacos no piden profesionales. En realidad, los ingenieros españoles están mucho mejor valorados más allá de las fronteras de nuestro país que dentro.

-¿Bolonia les ha perjudicado tanto como dicen?
-Partiendo de la base de que el sistema de Bolonia trataba de unificar los títulos universitarios a nivel europeo nos hemos dado cuenta de que ha sido un auténtico fracaso. Se planteaba hacer unos títulos de ingenieros que pudieran ser válidos para toda Europa pero se sacan los tres niveles (graduado, máster y doctorado) que no coinciden en ningún momento con la denominación de otros países, incluso, si me apuras, ni con la duración de los estudios porque hay países que tienen grados de tres y cuatro años, con lo cual lo que estamos es desunificando todo.

-¿Qué solución plantean?
-El nombre de la titulación no es significativo porque no dice exactamente nada sobre esa persona. Nosotros entendemos y defendemos a capa y espada que lo importante es qué sabes hacer. Para eso está la acreditación profesional. Y si lo sabes hacer en España, lo sabes hacer en Francia, en Inglaterra, en Brasil... Entonces defendemos un título profesional donde se recojan las competencias profesionales de cada uno. Esa es la única manera de identificarnos fuera de nuestras fronteras. Los títulos académicos son lo que son, cada universidad le pone el nombre que quiere y luego ninguno de ellos coincide.

-¿La convivencia de grados especialistas con másteres generalistas complica la situación?
-Se está haciendo Bolonia a la inversa y en la ingeniería se ha hecho así. Cuando se hablaba de que los grados tenían que ser generalistas y los másteres especialistas, en España se ha hecho al revés por seguir manteniendo la estructura que había antes y venía de hace dos siglos. Ya está bien.

-¿Se sienten discriminados? 
-Yo creo que hoy en día la universidad española no se puede permitir el lujo de formar un ingeniero para que salga a la calle y le llamen ingeniero inferior porque hay otro que es superior, en sentido figurado. Y eso no ocurre en ningún país de Europa ni del mundo, que se mantengan dos niveles en la función pública para titulados universitarios. De hecho, los ingenieros técnicos industriales podemos ser del máximo nivel en Europa y, sin embargo, en España no. ¿Dónde se ha visto eso? Eso carece de sentido. Tenemos que modificar los planteamientos.


martes, 26 de junio de 2012

Entrevista en Onda Cadiz TV (Junio 2012)

Entrevista en Onda Cádiz TV, junto al Presidente del Consejo Andaluz y el Secretario del COGITI, sobre todos los temas de actualidad de la Ingeniería Técnica Industrial.                                                                                              

domingo, 10 de junio de 2012

Y los proyectos se hacen realidad

Publicado en la Revista Técnica Industrial (Jun. 2012)

El pasado 11 de mayo fue un día especial. Después de un intenso e ilusionante trabajo, el Consejo General de la Ingeniería Técnica Industrial (Cogiti) presentaba en la Real Academia de Ingeniería (Madrid) el Sistema de Acreditación DPC Ingenieros, en el que hemos estado trabajando durante más de un año.
Y digo “un día especial”, porque cuando cualquiera de nosotros inicia un proyecto, está deseando que llegue el día de su puesta en marcha y poder mostrarlo a la sociedad, y ese día había llegado. Pero para llegar hasta aquí, no ha sido nada fácil el camino, y ha hecho falta muchísimo trabajo, e ilusión, y eso es precisamente lo que ha derrochado el equipo humano del Cogiti, unido al unánime apoyo de todos los colegios que forman nuestro consejo, a la enorme implicación de los miembros de la Comisión del Sistema de Acreditación y, por supuesto, al calor recibido por nuestra propuesta desde Unión Profesional y todos sus integrantes, que desde el principio nos han animado a seguir adelante con el proyecto y han aportado sus iniciativas al mismo.
También quiero expresar mi agradecimiento a las empresas colaboradoras con el Cogiti, que desde el principio han confiado en el proyecto y lo han estado enriqueciendo con sus aportaciones e ideas, así como a los sindicatos, la patronal y otros agentes sociales que nos han escuchado y nos han manifestado su convencimiento de la enorme utilidad del sistema y las bondades que presenta. Todos ellos nos han manifestado el compromiso de colaboración para su mejor implantación en la sociedad.
En definitiva, quiero dar un agradecimiento general a todos los que han hecho posible que lo que hace un año era un sueño ahora sea una realidad que acaba de nacer. La Acreditación Profesional DPC (desarrollo profesional continuo), surge de la inquietud y de la imperiosa necesidad de adaptarse a los requerimientos reales de la sociedad y de los profesionales. Y, por supuesto, para reivindicar el papel fundamental que hoy por hoy desempeñamos los colegios y corporaciones profesionales.
Los colegios hemos sido, somos y seremos, instrumentos fundamentales para el desarrollo de una sociedad justa, equilibrada y segura, y en ello hemos de seguir poniendo todo nuestro empeño, y no cabe duda de que estos últimos cambios que nos han afectado y los que están por venir están propiciando que tengamos que modificar nuestra velocidad de crucero e imprimir una aceleración en nuestras actuaciones para recuperar el camino perdido y situarnos nuevamente en el lugar que nos corresponde y que, por otra parte, la sociedad demanda.
Y es que no hemos de olvidar que los colegios tenemos nuestra base en los profesionales y en la sociedad y a ellos nos debemos. Y en estos pilares se cimienta nuestro sistema de Acreditación Profesional DPC. A los profesionales, les ofrecemos la posibilidad de hacer visible su carrera profesional, de motivarles para el desarrollo de la misma, de facilitarles formación, empleabilidad, reconocimiento social, currículos certificados y, por supuesto, de que sientan el respaldo permanente de su colegio profesional.
Los profesionales, en un entorno cada vez más competitivo, necesitamos tener nuestra propia marca personal y las herramientas que nos permitan utilizarla. De ahí la importancia de crear un título profesional que certifique las capacidades adquiridas a lo largo de la vida laboral y que facilite la movilidad internacional de los profesionales.
Por otra parte, a la sociedad le ofrecemos profesionales totalmente identificados y comprometidos con la actualización permanente de sus conocimientos, que ejercerán su labor con la máxima profesionalidad y preparación, lo que, sin duda alguna, se traducirá en unos mejores servicios, una mayor competitividad y una mayor seguridad.
Al mismo tiempo, facilitará la búsqueda de los perfiles profesionales más adecuados a la demanda de las empresas, adornado con los complementos de seguridad y garantía que ofrecen los currículos certificados, facilitando así una mayor y mejor incorporación al mundo laboral, que es por otra parte uno de los objetivos primordiales para este país.
Los colegios, las empresas, los profesionales, y si me apuran todos nosotros, hemos de reinventarnos y aprovechar al máximo nuestro conocimientos y potencial.
Por último, solo quiero transmitir mi optimismo y mandar un mensaje de esperanza e ilusión a todos los colegios, tanto de mi corporación como de otras profesiones, para que afrontemos con positividad las adversidades que nos estamos encontrando y las que vendrán, y seamos capaces de transformarlas en oportunidades y éxitos, porque ello implicará nuestro compromiso claro y sincero para con la sociedad y los profesionales.

jueves, 24 de mayo de 2012

Llegó la hora del título profesional

Artículo de opinión publicado en La Gaceta (Mayo 2012)

Bolonia y el Espacio Europeo de Educación Superior ha traído a España una vorágine de titulaciones Universitarias tanto a nivel de Graduado como de Máster, que de una forma u otra está desorientando a los alumnos, empresas y ciudadanos, que ven cómo por un lado su título universitario no aparece en ninguna oferta de empleo, y por otro siembra numerosas dudas al empresario sobre que titulación exigir a la hora de ofertar un empleo.
Este hecho, unido a la necesaria movilidad de nuestros titulados y a la futura liberalización de las profesiones, hace más necesario que nunca la creación de un TITULO PROFESIONAL, que defina con precisión a nuestros profesionales, al tiempo que les imponga un reciclaje continuo de conocimientos y aplicaciones prácticas, que se transformará sin duda alguna en aumento de competitividad tanto de nuestros profesionales como de las empresas e industrias donde ejerzan.
En un mundo tan globalizado, donde existe tanta disparidad entre los diferentes países, tanto en las titulaciones universitarias como en las profesiones y su ejercicio, se requiere un sistema que certifique las competencias adquiridas con la formación universitaria (sin importar el nombre), y las que se van adquiriendo a través del desarrollo profesional continuo (experiencia y formación), y de esta forma cada profesional podrá moverse por el mundo, con su Título Profesional que indicará de forma clara qué es lo que sabe hacer, y en eso sí que coincidimos todos los países.

Quizás pueda resultar utópico o alejado de la realidad actual, donde conviven los sistemas con una excesiva regulación de las profesiones, con otros que no lo son, y con otros en los que son los mismos profesionales, a través de la sociedad, los que se autorregulan, pero lo que sí que es cierto es que en cualquiera de los sistemas existentes se parte de una base común, que son las competencias profesionales, y que son entendidas y aceptadas de una u otra forma en cualquiera de ellas.
Este ha sido el espíritu que ha motivado la puesta en marcha del sistema de Acreditación DPC Ingenieros, que hemos puesto en marcha desde el COGITI (Consejo General de la Ingeniería Técnica Industrial) que otorga un Título Profesional identificativo de cada uno de los Ingenieros en base a su carrera profesional, y los define de forma clara y concisa a la sociedad.
En un mundo tan competitivo como el que vivimos, los profesionales necesitamos adquirir nuestra propia "marca personal-profesional" que nos distinga y facilite nuestro desarrollo en aquellas facetas en las que seamos más útiles y nos sintamos mejor, lo cual aumentará de manera exponencial nuestras posibilidades de éxito profesional, que será trasladado directamente a la sociedad en forma de competitividad, que es precisamente lo que necesitamos.
Nuestro futuro está ahí, y así lo estamos viendo las profesiones y los profesionales, y sin duda alguna desde los Colegios Profesionales siempre trabajaremos con nuestra mirada puesta en los dos pilares donde nos sustentamos, que son la sociedad y los profesionales, y estos, y no otros, son los que guían nuestras actuaciones y fijan nuestros objetivos, así ha sido siempre y así seguirá siendo.

sábado, 10 de marzo de 2012

60 años de historia profesional


Publicado en la Revista Técnica Industrial (Marzo 2012)

La revista Técnica Industrial cumple este mes 60 años. Al hojear los primeros números de la publicación pienso en cómo ha evolucionado nuestra profesión y, al mismo tiempo, los cambios que han experimentado los colegios profesionales. Pero lo que es más importante, en sus páginas ha quedado plasmada la historia de la ingeniería técnica industrial de las seis últimas décadas, nuestra historia.
La revista nació como una publicación trimestral del entonces denominado “Órgano Oficial de la Asociación Nacional de Peritos Industriales”, en marzo de 1952. En el primer número se hacía una declaración de intenciones de lo que pretendía ser la revista Técnica Industrial: “Las páginas de esta publicación que hacen los peritos industriales de España se abren, por primera vez, con el deseo de cooperar intelectualmente con aquellos conocimientos que hace ahora cien años tienen puestos al servicio de la industria española. Los peritos industriales han sentido desde el primer momento la necesidad de que una industria eficaz contribuya a elevar el nivel de vida de España”. Y así ha seguido siendo.
Su trayectoria no ha estado exenta de dificultades, al igual que nuestras instituciones. A lo largo de todos estos años, hemos logrado capear las crisis, las turbulencias económicas, los cambios en las políticas educativas… y también hemos sabido adaptarnos a la evolución de la ciencia y la tecnología. Sin embargo, la gran fortaleza de la revista durante todos estos años ha sido y es la autonomía, la independencia y la ilusión por realizar un buen trabajo, que siempre han caracterizado el proceder de todas las personas que hacen posible que siga editándose fiel a su cita.
Llegados a este punto, ¿haría falta decir más sobre la importancia de continuar con esta labor? Sin lugar a dudas, Técnica Industrial se ha convertido en un medio de comunicación generador de conocimiento en el ámbito de la ingeniería industrials, apostando por la divulgación técnica y de las novedades tecnológicas, sin olvidar la identidad de nuestro colectivo.
En este número en el que se conmemora su 60 aniversario hemos querido hacer un guiño a la evolución de nuestra profesión, a la que hacía referencia al principio, y por ello hemos incluido un artículo publicado en el primer número de la revista titulado La normalización, necesidad del presente, del ingeniero técnico industrial Pío González Álvarez, que en 1952 era el secretario del Departamento de Normalización del Instituto Nacional de Racionalización del Trabajo, al que se han añadido unos interesantes comentarios que sobre dicho artículo ha realizado el Gonzalo Sotorrío González, director de Normalización de Aenor.
Si echamos la vista atrás, hace 10 años, cuando se conmemoró el 50 aniversario de Técnica Industrial, el entonces presidente del Consejo General de la Ingeniería Técnica Industrial, Manuel León Cuenca, manifestaba: “es muy posible que nuestra profesión esté en uno de los momentos más positivos de su larga vida”. Ahora la situación ha cambiado: vivimos inmersos en tiempos difíciles tanto por la actual coyuntura económica y laboral como por el hostigamiento que, en cierto modo, nuestros colegios están sufriendo en los últimos años con motivo de ciertas decisiones del poder ejecutivo y legislativo de turno. Sin embargo, nuestras miras siguen puestas en la representación y defensa de nuestra profesión, y continuaremos velando por la seguridad de los ciudadanos como usuarios y clientes de las instalaciones y obras de ingeniería, que al fin y al cabo es nuestro principal cometido.
También me gustaría lanzar desde esta tribuna un mensaje de optimismo. Es cierto que corren tiempos difíciles, pero nuestros profesionales siguen siendo de los más demandados en el ámbito laboral, y el sector industrial nos necesita. Somos un colectivo dinámico, luchador y emprendedor, pero sobre todo muy preparado y formado. Por ello, ningún esfuerzo será en vano para mantener nuestro compromiso con la industria española y europea. Desde nuestras instituciones, tampoco cejaremos en el empeño por lograr el reconocimiento que los ingenieros técnicos industriales se merecen en nuestra sociedad, empezando por la puesta en marcha de iniciativas que den un valor añadido a su formación y a la experiencia profesional adquiridas lo largo de la vida, y que se pueda trasladar también al contexto europeo.
Termino esta reflexión pensando en el bagaje que nuestra revista lleva a sus espaldas. Ha sido largo el camino del aprendizaje, de la consolidación, del trabajo y del esfuerzo puesto en cada número. Pero puedo asegurar que ha merecido la pena. Por suerte me corresponde a mí expresar en este momento mi gratitud a todos los que han hecho posible que nuestra revista cumpla 60 años, y contamos con toda la ilusión para que cumpla muchos más.

viernes, 12 de agosto de 2011

La ingeniería técnica industrial se mantiene, pese a la crisis, entre las más demandadas

Entrevista publicada en la Nueva España (Agost. 2011)



Desde su acceso al cargo de presidente del Consejo General de la Ingeniería Técnica Industrial, el pasado mes de marzo, José Antonio Galdón no ha hecho más que reclamar, junto a su equipo, lo que considera «es de justicia» para la profesión. Por un lado, es partidario del reconocimiento automático del título de grado a los ingenieros técnicos industriales en ejercicio y, por otro, promueve toda una serie de acciones encaminadas a poner en valor una titulación universitaria que, a su juicio, está resistiendo mejor la crisis que otros sectores. Ayer participó en Gijón en los encuentros de los ingenieros técnicos industriales que se celebran en la Feria Internacional de Muestras de Asturias (FIDMA).


-¿Está de acuerdo con el curso de adaptación al grado que se ha planteado para los profesionales de la ingeniería técnica?



-Ahora mismo es un disparate total la gran variedad de criterios que están utilizando las universidades para una misma profesión. En todo el territorio nacional hay diferentes pautas, desde los cursos de adaptación de 36 créditos más 12 de proyecto fin de grado hasta escuelas donde se ha programado con 96 créditos. Nosotros estamos pidiendo que haya una sintonía total en todas las escuelas y el reconocimiento de la experiencia profesional. No puede ser que un ingeniero técnico industrial de Murcia sea totalmente diferente del de Gijón.



-¿Tiene sentido que un ingeniero técnico con una trayectoria profesional reconocida vuelva a pasar por la Universidad?



-Nosotros proponemos que la obtención del título de grado sea por el reconocimiento de una experiencia profesional de 3 a 5 años. Creemos que es tiempo suficiente y ahí hay sentencias europeas que lo avalan porque lo que buscamos es la eficacia de los ingenieros. Si tienen que añadir un curso más a la formación que ya tienen es mejor que empleen ese tiempo y esos recursos en un máster o en un curso más específico para su desarrollo profesional. Ése es otro de los principios de ineficacia del sistema. Y luego tenemos el problema de que las universidades públicas no pueden absorber ahora mismo la demanda que hay para los cursos de adaptación al grado.



-¿Se han desbordado las matrículas?



-Exacto. Nosotros estamos hablando que las universidades públicas no cubren ni el 5% de la demanda. Para los ingenieros técnicos, que destacamos por la formación continua y la visión de futuro, no es admisible que se nos obligue a cursar 96 créditos, con cerca de año y medio de formación.



-¿Qué solución proponen?



-A través del Grupo parlamentario Popular se presentará una proposición no de ley en el Congreso en la que se pide una especie de proceso de transición que permita a través de una experiencia profesional de tres a cinco años el reconocimiento automático del título de grado. No podemos estar limitados a la libertad de criterio de cada Universidad. Y queremos que los grupos políticos se retraten para ver si coinciden o no con nuestra demanda.



-A la vista de lo expuesto, parece que «Bolonia» ha sido el gran fracaso para la ingeniería técnica industrial.



-No en su totalidad porque para nosotros representa algo bueno: la desaparición de los dos niveles existentes hasta ahora en la ingeniería; pero estamos en desacuerdo en la forma en que se está llevando a cabo el cambio, por la disparidad de criterios y diferencias en su aplicación. En realidad, «Bolonia» es un proceso positivo porque abre puertas a Europa.



-Tanto que ahora sus ingenieros que están marchando a Alemania.



-Nos hemos reunido con el director de la Cámara de Comercio de Alemania para ver la manera de colaborar, pero no sólo en el sentido de que nuestros ingenieros vayan allí sino que las empresas alemanas también vengan a España. En una encuesta que enviamos a los colegiados se detectó que del 10 por ciento de parados que existe en la ingeniería técnica industrial, un tercio estaría interesado en irse a Alemania. Para ello, un problema bastante serio que tenemos es el del idioma. Y eso es importante porque en Alemania el perfil más demandado es el de ingeniero técnico industrial.



-¿Qué alternativas encuentran los ingenieros que optan por salir al extranjero?



-En España carecemos de centros de investigación y desarrollo y nuevas tecnologías y queremos que nuestros titulados puedan encontrar también aquí una salida laboral. No queremos únicamente que se desplacen fuera. Es bueno que salgan al exterior. De hecho, hemos lanzado encuestas para que la Cámara de Comercio Alemana nos traslade las ofertas que hay en ese país y ver qué formación necesitan los ingenieros para irse. Para la ingeniería, Alemania es la referencia tecnológica y un ejemplo de pragmatismo en su funcionamiento. Por eso, representa el espejo en el que mirarnos.



-¿El hecho de que se haya impuesto grados especialistas y másteres generalistas les perjudica?



-Toda la oferta profesional es de un ingeniero multidisciplinar. La industria española es pequeña y precisa de ingenieros generalistas que sepan de todo. Tenemos constatado que un 62% de nuestros titulados acaba trabajando en otra especialidad que no es la suya. Al final estamos destrozando ese recurso al hacer grados especialistas. La lógica no es ésa. Para otras cosas estarían los másteres.



-¿Cómo está respondiendo la profesión a la situación económica actual?



-La nuestra sigue siendo una de las titulaciones más demandas del mercado laboral. Además, hemos detectado que el ingreso de alumnos de grado ha crecido porque se han dado cuenta de que tienen muchas salidas profesionales. Dentro de lo malo, nuestros datos de desempleo son relativamente buenos: de un paro testimonial en torno al 2,5% hemos pasado a un 8% o un 9% en la actualidad.



-¿Qué proyectos tienen en marcha desde la nueva junta directiva del Consejo?



-Estamos trabajando en un sistema de acreditación profesional que recoja la experiencia laboral y formación continua de nuestros titulados, para que se les reconozca su preparación y la sociedad pueda disponer de los mejores profesionales.



-¿Cómo ha afectado la supresión del visado obligatorio a los colegios profesionales?



-A causa de la crisis estamos detectando que se registran menos visados y también problemas de intrusismo y mala praxis, con falsificaciones de firmas en algunos proyectos, poniendo en peligro a la sociedad y al usuario. Para ello estamos adoptando medidas para que desde la Administración se puedan detectar éstas y otras incidencias.



-¿Cuál es el impacto de la Transposición de la Directiva de Servicios sobre las profesiones colegiadas?



-Si nos quitaran la colegiación obligatoria, que está pendiente de confirmar, perderíamos la representación profesional que tenemos los ingenieros técnicos industriales y también el carácter proteccionista que los colegios tienen sobre los titulados y la sociedad en general.

José Antonio Galdón Ruiz


Murciano de 36 años, José Antonio Galdón accedió el pasado mes de marzo al cargo de presidente del Consejo General de la Ingeniería Técnica Industrial (COGITI), una entidad que representa a 93.000 profesionales en toda España. Galdón es el ingeniero técnico industrial más joven en este puesto. Desde 2007 y hasta su elección como presidente del Consejo era decano del Colegio de Ingenieros Técnicos Industriales de Murcia. Antes había sido funcionario en el Ayuntamiento de Yecla.

miércoles, 10 de agosto de 2011

La experiencia es un grado


Publicado en la Revista Técnica Industrial (Agosto 2011)

Todos hemos escuchado las expresiones que dicen “la experiencia es un grado” o “sabe más el demonio por viejo que por demonio”, y ninguna de las dos es fruto de la casualidad, sino que forman parte de la gran sabiduría popular que, a lo largo del tiempo, ha formulado dichas sentencias a partir del funcionamiento de nuestra sociedad.
Pero el valor de la experiencia no solo es sabiduría popular, sino que está presente en numerosos aspectos de nuestra vida cotidiana y laboral. Así, durante el primer año tras haber obtenido el permiso de circulación, hay que llevar la “L” de conductor novel y cumplir determinadas restricciones; en las ofertas de empleo se valora la experiencia profesional, a veces de forma excluyente; en los diferentes trabajos se incrementa el salario en función de los trienios o quinquenios, y así un largo etcétera de ejemplos en los que se valora la experiencia. Y esta experiencia no solo es reconocida en el ámbito profesional, sino que confiere además valores de índole social, por cuanto aporta de conocimientos y sabiduría a quienes la poseen.
El título de este artículo también puede trasladarse a la situación actual que estamos viviendo los ingenieros técnicos industriales, y para ello es preciso introducir de forma muy breve el proceso de adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior y su implantación en nuestro país. El Real Decreto 1393/2007 es el resultado de todo el proceso de armonización de estudios universitarios en Europa, iniciado en 1999 con la Declaración de Bolonia y que trae consigo una nueva estructura de títulos universitarios, en la cual se establecen tres nuevos niveles, que son grado, máster y doctorado.
Al mismo tiempo, establece de forma muy clara que los grados han de ser titulaciones de 4 años y 240 créditos ECTS y formación generalista; los máster, una duración entre 60 y 120 créditos ECTS y muy especializados en una o varias materias, y los doctorados similares a los actuales con pequeños matices.
Una vez estructurado el sistema universitario, y sin realizar la correspondiente reforma en el sistema profesional, se liga el título académico de graduado a la profesión de ingeniero técnico y el de máster a la de ingeniero. Queda también muy claro que la titulación de referencia para el ejercicio profesional es la de graduado, y que, por supuesto, coincide con el resto de profesiones de nuestro país y de toda Europa.
A partir de aquí, el Gobierno pensaba que tenía resuelto el problema, por lo menos de forma provisional, pero no contaba con el inconformismo y la visión de futuro de nuestro colectivo, que con buen criterio y quizás también obligado por las diferentes disposiciones legales que limitan el acceso a determinados puestos de trabajo a los titulados de grado, quiere obtener la nueva titulación académica. Y es que, para acceder al grupo A1 de la función pública es imprescindible la titulación de graduado, para poder acceder al cuerpo de educación secundaria en materias diferentes a las tecnologías se exige el título de graduado, para moverse libremente por Europa sin problemas es casi imprescindible el título de graduado, y así un largo etcétera de ventajas. Todo ello, por supuesto, nos hace pensar que la nueva titulación nos incorpora al mercado de trabajo de referencia y de futuro, y no debemos perder este tren.
Ahora bien, para subirnos a este tren y obtener la titulación de Graduado en Ingeniería, estamos encontrando numerosas dificultades, propiciadas por la falta de plazas en las universidades públicas y por la gran disparidad de criterios, tanto en los contenidos académicos (desde 24 ECTS+TFG a 78 ECTS+TFG) como en el reconocimiento de la experiencia profesional (de 0 a 36 créditos ECTS), lo cual nos lleva a un total desconcierto.
He aquí el momento de buscar solución al problema y sobre todo de aplicar la lógica de la experiencia y los criterios que a su vez nos vienen impuestos desde la propia Europa a través de la directiva 2005/36. Y es que, la experiencia adquirida en nuestros respectivos campos profesionales ha de tener el adecuado reconocimiento académico, y máxime en este momento de transición en el que se hace más necesario, si cabe, el facilitar la incorporación de los titulados actuales al futuro, y evitar de esta forma el elevado coste social que ello conlleva. Pero es más, desde la responsabilidad y la coherencia, hemos de facilitar que nuestros compañeros puedan dedicar sus recursos a la realización de aquellos máster o cursos de formación que realmente les sean útiles para su desarrollo profesional o para satisfacer sus inquietudes académicas, y contribuir de esta forma a tener una sociedad mas eficiente y funcional que, entre otras cosas, es lo que nuestro país necesita.
Con el deseo y la convicción de que nuestra experiencia se convierta en un grado, os animo a seguir trabajando con la profesionalidad y el ingenio que define nuestra profesión y que hace fuerte a nuestro colectivo. Que la experiencia os guíe.