Artículo de opinión publicado en La Opinión de Murcia y Diario Crítico (Sept. 2014)
Desde que se implantó la Democracia en este querido país, hemos tenido 7 Leyes de Educación, y otras tantas decenas de Reales Decretos, modificando o alterando el sistema educativo, lo que nos ha llevado, como no podía ser de otra forma, a estar en el pelotón de cola.
En cuanto al Sistema Universitario, se realizó la "gran reforma" para adaptarnos al Espacio Europeo de Educación Superior en el año 2007, y que hasta el año 2010 no entró en vigor en su totalidad, encontrándonos en la actualidad con los primeros titulados fruto de esa reforma y con la maquinaria universitaria totalmente engrasada, funcionando y mejorando el nuevo modelo.
Pues bien, ahora se le ocurre al Ministro Wert la feliz idea de modificar nuevamente el sistema Universitario, para que de esta forma las Universidades no puedan centrarse en formar debidamente a los alumnos, y tengan que estar trabajando en modificar planes de estudio, reubicar a profesores, conseguir las nuevas acreditaciones de ANECA, etc..., es decir, justo lo contrario de lo que realmente necesitamos.
Entiendo perfectamente que el actual modelo Universitario pueda necesitar mejoras, pero la reforma que precisamente pretende introducir el Ministro, viene a agravar el principal problema de la Educación Superior en España, que es precisamente la enorme confusión que está generando en la sociedad, empleadores y alumnos, el desorbitado y caótico número de titulaciones tanto de Grado como de Máster existentes y que no logran identificar correctamente al titulado.
Ahora, además se pretenden introducir duraciones diferentes en los títulos, de tal forma que las Universidades tengan libertad para implantar Grados de 3 años o de 4 años de duración, y Máster de 1 o 2 años de duración, lo que va a significar una confusión aún mayor, y que en nada va a ayudar a fomentar la empleabilidad de los jóvenes universitarios, sino que generará más asimetrías entre los titulados, y de estos con los del resto del mundo, para facilitar, y lo digo con ironía, la correcta movilidad de nuestros profesionales.
Cuando se promulgó el R.D. 1393/2007 por el que se establece la ordenación de las enseñanzas universitarias oficiales, se realizó un estudio a fondo de la situación de los estudios universitarios en Europa y en el resto del mundo, y fruto del mismo se optó por una duración de los Grados de 4 años (240 ECTS) y Máster de 1 o 2 años (60-120 ECTS), por ser la opción mayoritaria en el resto de países de ámbito mundial.
No obstante, también es cierto, que mientras que en EEUU, América latina, Asia, etc... los Grados (Bachelor) son de 4 años, en Europa son más los países que han optado por Grados de 3 años; pero tampoco es menos cierto que la mayoría de países europeos con Grados de 3 años, comienzan sus estudios universitarios a los 19 años, por lo que se equiparan con los nuestros en la edad de finalización de los estudios a los 22 años. Y lo que también es cierto es que los países con Grados de 3 años, están replanteándose adaptarlos al orden mundial y pasar a los 4 años de duración.
Como pueden ver, el Sistema Educativo Español, se debería estudiar en su conjunto, y no de forma separada, teniendo en cuenta los diferentes niveles de formación (primaria, secundaria, bachillerato, formación profesional, universitaria), para conseguir los objetivos deseados, y todo ello sin olvidar las enormes afecciones que tiene sobre el empleo de los jóvenes españoles.
Si analizamos los datos comparativos sobre las diferencias existentes tanto en la duración del bachillerato, como de los Grados (Bachelor) universitarios de los diferentes países europeos, podemos observar que coinciden casi todos en la edad de finalización de los mismos a los 22 años, lo que nos sitúa en una situación coherente en Europa y totalmente coincidente con el orden mundial, y es aquí donde no logramos entender el porqué de esta modificación que se quiere introducir desde el Ministerio, que suponemos tendrá sus argumentos.
Desde aquí solo le pido al Sr. Ministro una reflexión profunda al respecto, y una interlocución con los agentes sociales y corporaciones profesionales, pero lo más importante que le pido es "RESPONSABILIDAD" para con la sociedad a la que sirve, y le invito a consensuar un Gran Pacto de Estado que posibilite la estabilidad que la Educación española requiere, y nos aleje de los improductivos vaivenes educativos a los que desgraciadamente estamos acostumbrados.
En este blog podrás encontrar diversos artículos, entrevistas y otra información de interés que he ido publicando en relación a la Ingeniería y todo lo que ello conlleva, en mi condición de Presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Graduados en Ingeniería de la rama industrial e Ingenieros Técnicos Industriales de España (COGITI).
martes, 9 de septiembre de 2014
jueves, 4 de septiembre de 2014
La reforma de la no competitividad
Publicado en CincoDias (Sept. 2014)
La reforma que presenta el Ministerio de Economía y Competitividad, lejos de fomentar la necesaria competitividad de los profesionales, se centra en demonizar a los colegios profesionales e imponerles una tutela desproporcionada, que a su vez viene a restar la imparcialidad y el criterio propio y democrático de los colegios.
Esta descafeinada reforma no contenta a nadie, y solo ha servido para remover los cimientos de nuestras instituciones para posteriormente no afrontar los verdaderos cambios que requiere el mundo profesional para su correcta adecuación al Espacio Europeo.
Pese a todo, y ahora me arrepiento, desde el principio hemos defendido esta reforma por cuanto parecía ser una evolución competitiva del mundo profesional, y sería de ingenuos e inmovilistas, el negarse a la necesaria adaptación al ámbito europeo y mundial de las profesiones, que nos situase en una posición de igualdad competitiva.
Entendemos que son tiempos difíciles para realizar según qué tipo de reformas, y entendemos que siga habiendo profesionales que defiendan cotos cerrados de actividad, pero hay que reflexionar sobre lo que es mejor para la sociedad y no solo para unos pocos. Si se requiere un aumento de competitividad en los profesionales, no se pueden seguir manteniendo barreras totalmente ilógicas y que impiden el desarrollo profesional.
Alguien en su sano juicio, entiende que un ingeniero técnico industrial pueda firmar una nave industrial de 200.000 metros cuadrados o más, la vivienda del guarda de esa nave y la residencia donde residen los trabajadores de la misma, y, sin embargo, tenga problemas para firmar una nave agrícola de 50 metros cuadrados, no pueda proyectar la vivienda de ese mismo guarda cuando está en suelo residencial y, por supuesto, tampoco pueda firmar esa misma residencia cuando está fuera de suelo industrial. A esto es a lo que nos referimos con la falta de competitividad de nuestros profesionales, que ven limitadas sus posibilidades de actuación en base al uso y no a sus conocimientos, lo que no se concibe en ninguna sociedad con expectativas de desarrollo.
Si realmente se pretendiese generar competitividad, se deberían establecer unas reglas del juego similares para todos los profesionales y habilitar a través de los colegios para el ejercicio profesional, en función de los títulos académicos y el aprendizaje no formal (experiencia y formación continua), tal y como se impone en el ámbito europeo y mundial. Esta sería una evolución lógica y donde los colegios profesionales podríamos realizar nuestra función de trasladar seguridad y calidad, y por supuesto se generaría una sana competencia entre los profesionales, que llevaría intrínseco un proceso de mejora continua de nuestros servicios, trasladable de forma directa al aumento de competitividad en nuestra sociedad. Pero es que además, hay que tener en cuenta que nos encontramos en la Unión Europea donde se define un mercado único de trabajo, y no solo hemos de ser competitivos con los profesionales españoles, sino también con los del resto de Estados miembros.
De acuerdo con el sistema europeo de reconocimiento de cualificaciones, cuando se desplazan a otros países de la UE, solo se les permite ejercer aquellas actividades para las que están habilitados de acuerdo con la normativa española.
Como esta normativa es muy restrictiva, las atribuciones profesionales están muy segmentadas. Así, los profesionales españoles, especialmente los ingenieros, se ven muy limitados para prestar servicios fuera de España. Por el contrario, los profesionales europeos, al tener en su Estado de origen una regulación más abierta, sí están habilitados para ejercer en España en un campo mucho más amplio de actividades profesionales.
En definitiva, se trata de un texto que dista mucho de las necesarias reformas que debía contener el sector de los servicios profesionales, y que sin embargo estaban perfectamente descritos en la Memoria de Análisis de Impacto Normativo que acompañaba al texto en diciembre de 2013, pero, una vez más, se anteponen otros intereses particulares al interés general.
martes, 10 de junio de 2014
La ingeniería técnica industrial, una profesión cada vez más competitiva y demandada por los empleadores.
Publicado en la revista Técnica Industrial (Junio 2014)
En fechas recientes hemos conocido una magnífica noticia que nos hace mirar al futuro con la esperanza y el atisbo de ciertos signos de reactivación económica. Y es que la ingeniería técnica industrial ha protagonizado el mayor avance en el escalafón de las profesiones más demandadas por las empresas empleadoras, situándose en segunda posición, por detrás de administración y dirección de empresas (ADE), y dejando atrás el cuarto puesto que ocupaba hace tan sólo dos años.
La profesión de ingeniería técnica industrial, a la que ahora se accede a través de los títulos de grado en ingeniería de la rama industrial, concentra ya el 3,5 % de las ofertas de empleo, proporción que alcanza el 5,6 % si se tiene en cuenta solo la oferta que se dirige a los universitarios, según se recoge en el informe sobre las carreras con más salidas profesionales. Además, entre las cuatro ramas tradicionales de las carreras universitarias (técnicas, ciencias, humanidades y ciencias sociales y jurídicas), la más solicitada por las empresas sigue siendo la rama de las carreras técnicas, con el 42% de las oportunidades de empleo.
Estos buenos datos se unen al hecho de que el mercado de trabajo está atravesando un punto de inflexión, aunque no hemos de olvidar que nuestra economía necesita todavía los cuidados necesarios para que realmente pueda abrirse el camino hacia un crecimiento sólido. Esta recuperación económica sebe ser, en buena medida, auspiciada por los ingenieros, ya que esta profesión representa un signo evidente de la competitividad que necesita este país para dar por finalizada la crisis económica, y entrar así en una nueva etapa de prosperidad. Y es que no hay que olvidar que las atenciones que necesita nuestra economía parten de la base de que la industria es la única actividad capaz de aunar el modelo de crecimiento que conlleve a la generación de la riqueza.
Para ello, es imprescindible llevar a cabo una adaptación constante de los estudios universitarios a las necesidades de las empresas, impulsando el espíritu emprendedor, la movilidad internacional y la competitividad. Además, la industria es el sector más innovador, y de ahí que requiera también una formación continua eficiente, ya que los conocimientos adquiridos exclusivamente en la enseñanza reglada no son suficientes actualmente para desarrollar con garantías toda una carrera profesional.
Al mismo tiempo, es necesario hacer un esfuerzo para atraer a los jóvenes hacia la formación técnico-científica, y garantizar de este modo que las competencias profesionales satisfagan las necesidades de la industria. Los estudiantes de ingeniería han de ser conscientes de que, gracias a los conocimientos que van a adquirir durante su carrera, estarán contribuyendo a sacar a flote a nuestra maltrecha economía, y servir así a la sociedad, a través de su trabajo.
También han de saber que en este arduo camino no están solos: cuentan con el respaldo y el apoyo de los colegios profesionales, cuyo objetivo es, en definitiva, servir a la sociedad. En el caso de nuestros colegios, a través de las múltiples iniciativas que están llevando a cabo en los últimos años y que, junto con el Consejo General de la Ingeniería Técnica Industrial (Cogiti), han contribuido a mejorar la empleabilidad de los ingenieros.
Medidas como la Acreditación DPC (Desarrollo Profesional Continuo) Ingenieros, la Estrategia de Emprendimiento y Empleo joven 2013-2016, la Plataforma Proempleoingenieros, la Plataforma de formación online, el Plan de Movilidad Internacional, el Punto de Contacto en Alemania o la recién creada Escuela de Fomento Industrial, entre otras actuaciones, vienen a refrendar la utilidad de todas ellas, poniendo a disposición de los ingenieros las herramientas competitivas que van a necesitar en el desarrollo de su profesión.
Sin embargo, la extraordinaria noticia para la profesión con la que comenzaba este editorial no va a significar en ningún caso que cejemos en nuestro empeño por conseguir mejorar todavía más las cifras de empleabilidad; este es sin duda un objetivo prioritario al que los colegios dedicamos en la actualidad -y así seguiremos haciéndolo en el futuro- gran parte de nuestros recursos.
Continuaremos trabajando con más fuerza, si cabe, para los muchos ingenieros e ingenieras que actualmente siguen sin empleo, reforzando nuestras virtudes profesionales en las empresas, y potenciando el sector industrial que nos define.
sábado, 24 de mayo de 2014
La Ingeniería que está por venir (Publicado en CincoDias 05/2014)
Artículo publicado por CincoDias el 24/05/2014
Artículo publicado en la Revista Técnica Industrial (Marzo 2014)
Artículo publicado en la Revista Técnica Industrial (Marzo 2014)
Desde que entramos a formar parte de la Unión Europea, el 1 de enero de 1986, comenzó un proceso de convergencia en todos los ámbitos con los países de nuestro entorno y un acercamiento al resto de países del orden mundial, lo que a su vez ha supuesto una modernización generalizada y un desarrollo sin precedentes.
Pero desgraciadamente, nuestra sociedad o parte de ella, sigue manteniendo cierta nostalgia y conservadurismo en determinados sectores que imposibilita puedan darse pasos decisivos en cuestiones tan importantes como las profesiones y lo que ello conlleva de cara a la movilidad, empleabilidad y competitividad de los profesionales.
Y un hecho claro, es lo que ocurre con la dualidad de las profesiones de ingeniero e ingeniero técnico en España, y que como es lógico, no existen en ningún país del mundo (o por lo menos que conozcamos). Pero lo peor de todo, es que lejos de tratar de adaptarnos de la mejor forma posible al establishment europeo y mundial, lo que al parecer queremos, es que los demás se adapten a nuestro modelo, algo que además de ingenuo, me parece imposible.
Con la reforma del Espacio Europeo de Educación Superior se perdió una oportunidad única de converger a las profesiones de ingeniería del resto del mundo, donde el grado (bachelor) es la única titulación exigida para poder ejercer la profesión de ingeniero, y sin embargo aquí en España, para que pudieran seguir existiendo las profesiones de ingeniero e ingeniero técnico, se vulneraron todos los principios que rige Bolonia y por ende, la legislación española (R.D. 1393/2007 y R.D. 861/2010), y se crearon unos títulos de máster generalistas y habilitantes, que no tienen homólogo en ningún país.
Y es que, frente a lo que se piensa en España, que para ser ingeniero hay que estudiar seis años (cuatro de grado más dos de máster), en el resto de países es suficiente con un máximo de cuatro años, lo cual nos coloca en una posición de desventaja competitiva respecto a otros profesionales.
Y ahora seguro que hay alguien que piensa y no con poca razón, que el ingeniero recién titulado de seis años sabrá más que uno de cuatro, y eso no es discutible, pero lo que hay que preguntarse, es si es verdaderamente necesario y si podemos permitírnoslo, porque supongo que nadie pondrá en duda la preparación y profesionalidad de los ingenieros alemanes, británicos, estadounidenses, y japoneses.
Y es por ello que todo el mundo tiene que saber que lo que en España es un ingeniero técnico o graduado en ingeniería, en el resto del mundo es un ingeniero, y que cuando salimos a trabajar fuera de nuestro país lo hacemos como ingenieros de pleno derecho, aunque por qué no decirlo, en la mayoría de países se requiere una habilitación profesional por parte de las asociaciones profesionales equivalentes a los Colegios en España, que es lo que realmente otorga las garantías necesarias para la sociedad, y este es el modelo que desde nuestro Consejo General estamos implantando a través de la Acreditación DPC Ingenieros, que certifica el desarrollo profesional continuo (experiencia y formación).
En este sentido, estamos trabajando para eliminar las pocas barreras que el ingeniero técnico español encuentra en algún país, como es el caso de la reciente resolución de UK Naric por la que un ingeniero técnico ya está reconocido como bachelor (grado), y por tanto puede optar al ejercicio de la profesión de ingeniero y a continuar con sus estudios de postgrado, algo que hasta la fecha y por cuestiones que no conviene comentar, nos estaba siendo vetado en este país.
No cabe duda de que ha sido un gran logro, pero para mí solo ha significado una cuestión de justicia y razón, que son las que nos deberán acompañar en el cambio que está por llegar a nuestro país.
Ha llegado el momento y no podemos seguir nadando contra corriente, el tiempo de la dualidad en las profesiones de Ingeniería españolas toca a su fin.
viernes, 16 de mayo de 2014
Entrevista en Radio Mallorca (Mayo 2014)
sábado, 22 de marzo de 2014
Galdón apunta al grado con atribuciones como "el único válido" para ejercer fuera de España
Declaraciones publicadas en la Nueva España (Marzo 2014)
"Estamos contra los grados sin atribuciones". El Presidente del Consejo General de la Ingeniería Técnica Industrial (COGITI), José Antonio Galdón, quiso salir al paso de la polémica surgida en los últimos días a raíz del título de Tecnologías Industriales, cuestionado por su carácter de "grado blanco", en aquellas universidades donde no otorga atribuciones profesionales y para obtenerlas es necesario cursar un máster posterior de carácter generalista.
La crítica de los Ingenieros Técnicos se dirige hacia la "confusión" que genera la convivencia de grados con y sin atribuciones, sin que se informe de ello a los alumnos, se quejó Galdón. Por ello, desde el Consejo General de la Ingeniería Técnica Industrial reclaman, como ya trasladaron al Ministerio de Educación en su momento, que se aclare esta situación. Sin tratar de restar autonomía a las universidades, el problema es que "el título hoy no te define profesionalmente", advierten, al tiempo que abogan por un sistema de acreditaciones que evite la confusión actual ante la sociedad, los empleadores y los clientes.
"A los alumnos les recomendaría que estudien un grado de cuatro años con atribuciones profesionales. Si quieren un máster después, que lo hagan. Lo que queremos es que los chavales sepan para qué les sirve el grado y si tienen que hacer seis años o cuatro", argumenta Galdón. El Presidente del Consejo General de la Ingeniería Técnica Industrial cita como ejemplo de la confusión actual la coexistencia de un mismo título de ingeniería de la energía que en varias universidades no dispone atribuciones, en otras da acceso a la profesión de ingeniero energético y en otras, a la de ingeniero técnico de minas.
Para Galdón, mantener dos niveles en la profesión (Ingeniero e Ingeniero Técnico) resulta "arcaico y denostado" y añade que el grado de Tecnologías Industriales sin atribuciones "no tiene sentido nunca" porque el alumno se inicia en una formación más generalista (menos especialista) para cursar después unos estudios de máster, también generalistas. "No dudo de calidad de los estudios, de hecho los titulados de la Politécnica de Gijón están muy valorados; es el centro que mejores ingenieros ha dado a este país", continúa Galdón. Su foco se encuentra ahora en promover una campaña informativa para que los alumnos "sepan qué titulación elegir".
Con la nueva Ley de Servicios Profesionales, recuerda Galdón, se resolvería este conflicto y "nuestros ingenieros serán ingenieros en todo el mundo". El presidente del COGITI insiste en que la titulación de referencia para ejercer en todas partes es el grado con atribuciones, no el máster, y lamenta el "fuerte corporativismo" que existe en España en torno a los colegios de ingenieros, un atraso, a su juicio, "que nos pone a la cola en competitividad" porque "aquí hay que estudiar seis años para ser ingeniero y en otros países, cuatro".
Entre los colegiados la sensación es que la actual indefinición del sistema universitario español hace que en cada región "se funcione de una manera" y que, por tanto, no exista unanimidad a la hora de unificar los títulos como se pretendía con la adaptación al Espacio Europeo de la Educación Superior.
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