En este blog podrás encontrar diversos artículos, entrevistas y otra información de interés que he ido publicando en relación a la Ingeniería y todo lo que ello conlleva, en mi condición de Presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Graduados en Ingeniería de la rama industrial e Ingenieros Técnicos Industriales de España (COGITI).
martes, 5 de marzo de 2019
lunes, 28 de enero de 2019
viernes, 28 de diciembre de 2018
Los cambios que están por venir
Los cambios que están por venir. Editorial Revista Técnica Industrial nº321
Después de 33 años de pertenencia de España a la Unión Europea, podemos decir que los cambios más importantes en la Ingeniería son los que están por venir. La heterogeneidad tanto en las
titulaciones como en el ejercicio profesional de Ingeniería en los
diferentes Estados Miembros, unido a las enormes reticencias al
cambio que se plantean desde algunas organizaciones profesionales, están dificultando en exceso la implantación de un modelo
de Ingeniero europeo homogéneo y adaptado al orden mundial,
que vaya acorde con el alto nivel de movilidad que presenta la
profesión de Ingeniero.
Y es que la movilidad internacional es fundamental. Solo facilitando la movilidad de los profesionales se conseguirá una economía europea pujante, dinámica y competitiva. Desde nuestras
organizaciones, hace tiempo que fuimos conscientes de ello, y
en este sentido, hemos realizado numerosas actuaciones. Una
de ellas nos lleva a hablar de la Tarjeta Profesional Europea, pues
consideramos que la respuesta a las necesidades de los ingenieros españoles, con relación a su movilidad europea y la libre
prestación de servicios, está en reforzar los instrumentos puestos
en marcha a día de hoy por la UE para lograr el reconocimiento
de sus cualificaciones profesionales. Por el momento, la TPE no
es extensiva a los ingenieros, pero desde el COGITI hemos mantenido reuniones y realizado gestiones con varios eurodiputados
para aprovechar la competencia del Parlamento Europeo, en lo
que respecta a la petición de elaboración de propuestas a la Comisión Europea, y exigir, junto a ellos, la extensión de la Tarjeta
Profesional Europea a la profesión de Ingeniería. El primer paso
ya se ha dado al solicitar dicha extensión durante la reunión de
la Comisión de Mercado Interior y Protección al Consumidor el
pasado 22 de noviembre.
Por otra parte, desde el COGITI, también hemos participado
en el estudio para la puesta en marcha de otra herramienta que
puede resultar muy útil para lograr la convergencia de las profesiones reguladas: los principios comunes de formación. Este concepto fue introducido por la Directiva 2013/55/UE/, que modifica
otra anterior en su artículo 49. En concreto, nuestra organización
ha participado en las diferentes consultas que se han realizado en
el marco del estudio que la Comisión Europea encargó al Consejo Europeo de Cámaras de Ingenieros (ECEC).
En este contexto, tenemos que seguir trabajando para conseguir una Directiva Europea en el ámbito de la Ingeniería, que
recoja lo más común y lo mejor de los modelos existentes. Con
este objetivo, desde nuestro Consejo General no solo se ha participado en los estudios y encuestas que se han llevado a cabo en
el seno de la Comisión Europea, sino que además hemos firmando convenios de colaboración con Asociaciones de Ingenieros
de otros países, como Irlanda, Italia, Francia, Dinamarca…, y está
previsto suscribir acuerdos con asociaciones profesionales de
otros Estados.
Además, nuestro compromiso con Europa ha quedado también patente con la incorporación del COGITI en la Asociación
Europea de Jóvenes Ingenieros (EYE), el pasado mes de mayo. Y es más, las organizaciones de jóvenes ingenieros procedentes de
toda Europa se darán cita el próximo mes de octubre de 2019 en
Madrid, por primera vez, en el marco de las Conferencias que periódicamente lleva a cabo EYE, y que en esta ocasión organizará
el Consejo General de la Ingeniería Técnica Industrial de España
(COGITI). Se trata de un encuentro muy importante, que acogeremos con gran entusiasmo e interés, y que supondrá sin duda un
gran espaldarazo para la Ingeniería Técnica Industrial española.
No hemos de olvidar que nuestra economía necesita aún los
cuidados necesarios para que realmente pueda abrirse el camino hacia un crecimiento sólido, en gran parte auspiciado por los
ingenieros, ya que somos el signo evidente de la competitividad
que necesita un país para generar riqueza, y entrar así en una
nueva etapa de prosperidad.
Sin embargo, las atenciones que necesita nuestra economía
parten de la base de que la Industria es la única actividad capaz
de aunar el modelo de crecimiento necesario. No obstante, para
ello, es imprescindible llevar a cabo una adaptación constante de
los estudios universitarios a las necesidades de las empresas,
impulsando el espíritu emprendedor, la movilidad internacional y
la competitividad. Además, la Industria es el sector más innovador
y de ahí que requiera también una formación continua eficiente, ya
que los conocimientos adquiridos exclusivamente en la enseñanza reglada no bastan para desarrollar toda una vida profesional.
Al mismo tiempo, es necesario hacer un esfuerzo para atraer
a los jóvenes hacia una formación técnico-científica, y garantizar
de este modo que las competencias profesionales satisfagan las
necesidades de la Industria. Los estudiantes de Ingeniería han de
ser conscientes de que, gracias a los conocimientos que van a
adquirir durante su carrera, estarán contribuyendo a sacar a flote
la economía. También han de saber que en este arduo camino no
están solos: cuentan con el respaldo y el apoyo de los Colegios
Profesionales, cuyo objetivo en definitiva es servir a la sociedad. En nuestro caso, a través de las iniciativas que estamos llevando
a cabo en los últimos años, y que junto con el Consejo General
de la Ingeniería Técnica Industrial de España (COGITI), han contribuido a mejorar la empleabilidad de los Ingenieros.
Desde nuestra profesión no solo estamos de acuerdo con el
concepto de la Unión Europea en sí, sino que creemos firmemente que significará una evolución necesaria en el ámbito de la Ingeniería española, que sin duda alguna mejorará la competitividad
de los profesionales y de la sociedad en su conjunto, así que nos
felicitamos por ser parte integrante y auguramos un futuro prometedor, para el que mostramos nuestro compromiso más firme.
Además, desde nuestras posiciones, continuaremos trabajando con más fuerza, si cabe, para los muchos ingenieros/as que a
día de hoy siguen sin empleo, reforzando nuestras virtudes profesionales en las empresas, y potenciando el sector industrial que
nos define, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.
José Antonio Galdón Ruiz
Presidente del Consejo General de la Ingeniería Técnica
Industrial de España
martes, 31 de julio de 2018
lunes, 9 de abril de 2018
Ninguna Ingeniería puede saltarse Bolonia
Artículo de opinión publicado en Cincodias 20-03-2018
Ninguna Ingeniería puede saltarse Bolonia
La reforma del Espacio Europeo de
Educación Superior (EEES) trajo a España una evolución de las titulaciones
académicas acordes con el siglo XXI y el entorno mundial, pero desgraciadamente,
sigue habiendo intereses particulares que se anteponen a los generales, que pretenden
no solo desvirtuar ese nuevo modelo, sino lo que es más peligroso todavía, involucionar
al siglo XIX.
En España existen 2 niveles
profesionales en las Ingenierías, las Ingenierías Técnicas y las Ingenierías,
que algunos se empeñan en seguir llamando “superiores”, algo que no tiene
reflejo en el resto del ámbito europeo y mundial, pero sin embargo, todavía hay
quien piensa que es necesario seguir manteniendo esa singularidad, aun a costa
de los problemas de movilidad de los Ingenieros españoles.
Antes de Bolonia, existían en
España 4 niveles académicos, las titulaciones de 3 años (Ingenierías Técnicas, Arquitectura
Técnica y Diplomaturas), las de 5 años (Ingenierías, Arquitectura y Licenciaturas),
y posteriormente los niveles de Máster y de Doctorado. Con la reforma de
Bolonia se quedaron solamente 3 niveles, que son el Grado (4 años), Máster y
Doctorado, lo que suponía en efecto el unificar los 2 primeros niveles
pre-Bolonia.
Pero con las Ingeniería se ha
actuado de otro modo, ya que para seguir manteniendo esa dualidad en las
profesiones de Ingeniería por un lado, y para mantener las estructuras
universitarias por otro, se llevó a cabo lo que se suele denominar una operación
de “Ingeniería financiera” consistente en reinventar Bolonia para que las
antiguas Ingenierías se convirtiesen en Máster. La cosa no quedó ahí. En contra
de todos los criterios de unificación previstos en el EEES, se crearon ex
profeso unos títulos de Grado en Ingeniería denominados “blancos”, (sin
atribuciones ni salidas profesionales) que tienen como única finalidad el
acceso al Máster (generalista y no especialista contra lo que dice Bolonia) que
otorga la profesión de Ingeniero.
Pero la sociedad no es tonta, y
los “millennials”, menos, y rápidamente han percibido que las titulaciones de
Grado en Ingeniería son las que demandan las empresas, las que se reconocen en
el resto de Europa y en el mundo, las que dan acceso a profesión regulada y por
tanto otorgan atribuciones profesionales, y este hecho, unido a la mayor
eficiencia y rendimiento que los alumnos obtienen de los Másteres de
especialización, ha conducido al fracaso estrepitoso de la “operación
resistencia” que algunos pusieron en marcha, y que ahora pretenden resucitar
con nuevas estratagemas.
Lejos de reconocer el error y
rectificar, lo que se cierne desde algunos responsables de las Universidades
Politécnicas y avaladas por los
representantes de las profesiones de Ingeniería, aunque con intereses
distintos, es la creación de programas “integrados” de Máster en Ingeniería, es
decir, que un alumno se pueda matricular directamente en un programa que
incluye Grado y Máster, lo que vulnera por completo la legislación vigente y el
espíritu de Bolonia, pues se podría acceder al nivel de postgrado sin haber
culminado el Grado. Es como acceder al doctorado sin haber terminado el Máster,
o comenzar el título de Grado sin haber terminado el bachillerato, dejando
patente los “intereses” que priman, frente a la meritocracia que debería
definir nuestro sistema educativo.
La Universidad tiene como misión
principal generar y transmitir conocimiento, desde el que podamos tomar nuestras propias decisiones,
pero en ningún caso se trata de hacer rehenes o influir de manera indirecta en
la formación que cada uno quiera recibir. Los titulados de los Grados “blancos”
(sin atribuciones ni salidas profesionales) se ven obligados sí o sí, a
realizar los Másteres habilitantes, y no tienen posibilidad de elegir. Es como
en el cuento de las lentejas: las tomas o las dejas, pues no hay otra opción
que quedar atrapados en la telaraña universitaria.
Si ya cuesta que los jóvenes de
18 años elijan estudiar las titulaciones de Ingeniería, no solo por la
dificultad que entrañan, sino muchas veces por el desconocimiento real de las
funciones de los Ingenieros, pues imagínense cuando se les habla de profesiones
reguladas, atribuciones y todo lo demás: al final, eligen una titulación que
tiene un nombre recurrente y suena bien, y que además lleva la palabra
Ingeniería. Pero esta situación cambia conforme van pasando los años en la
Universidad y se va descubriendo el mundo de las Ingenierías, cuando unos
pueden ir de Erasmus a otros países, y cuando otros no ¡porque no tienen
homólogos! Cuando miran las ofertas de empleo y ven que su titulación no
aparece en ninguna, o que no tienen un Colegio profesional que los acoja. Es entonces
cuando empiezan a hacerse preguntas y no les gusta conocer las respuestas,
cuando ven que otros compañeros que estudian con ellos en las mismas escuelas,
acceden al mundo laboral como Ingenieros (mecánicos, eléctricos, químicos…) o
cuando pueden elegir cualquier Máster de especialización para poder seguir
formándose, y sin embargo a ellos, solo les queda el camino que alguien ha
decidido previamente en su lugar.
Y para algunos la consigna es
clara: “Hay que cubrir como sea las plazas de los Másteres en Ingeniería con
atribuciones”, y para ello, cualquier cosa vale, aunque sea a costa de coartar
la libertad de decisión, que como hemos dicho es uno de los valores clave que
ha de otorgar la Universidad a sus alumnos.
Desgraciadamente ya hay alguna
Universidad Politécnica que ha aprobado unos programas de “Máster integrados”
en las Ingenierías, que representan la involución en el EEES, y cuya legalidad
con la legislación actual y la aceptación
por la comunidad universitaria está por comprobar.
Los millennials tienen otro tipo
de valores que no pasan por ser Ingenieros “Superiores” o “Inferiores”, sino
que van más encaminados a ser los mejores Ingenieros, a disfrutar de su
trabajo, a ser útiles a la sociedad, a
sentirse realizados y sobre todo a tomar sus propias decisiones, así que por
favor, reflexionemos todos y que las decisiones que se adopten o las posturas
que se defiendan, correspondan al interés general y no al particular.
lunes, 19 de marzo de 2018
domingo, 4 de febrero de 2018
El perro del hortelano
Editorial Revista Técnica Industrial Dic. 2017
Cuenta un antiguo relato la historia de un hortelano que tenía un perro que ni se comía las verduras de su huerto ni dejaba que nadie se las comiese, y este hecho en sí, que recuperó y popularizó Lope de Vega, es algo que ha quedado arraigado en nuestra cultura no solo como concepto, sino como una forma de actuar propia del egoísmo del ser humano. Por ello, el sabio refranero español recoge otras expresiones similares que reflejan este paradigma social, como el de "agua que no has de beber déjala correr" y otras muchas que definen nuestra forma de ser.
¿Y por qué salgo ahora con estas expresiones? Pues precisamente porque desde nuestra profesión estamos viviéndolas por parte de otros representantes de profesiones que ni evolucionan ni quieren que los demás evolucionen, y como "no hay mal que por bien no venga", este hecho en sí está significando un enorme estímulo para continuar nuestra línea de progreso en pro de la competitividad profesional.
En este caso en concreto, contamos además con la complicidad de una sociedad que no quiere permanecer estática, que ha abierto sus miras al exterior y que busca nuevas fórmulas de mejora continua, por lo que por más que se empeñen algunos "no se le pueden poner puertas al campo".
Estamos en el siglo XXI, en la Unión Europea, en un mundo globalizado, y hay quien se empeña en continuar en el concepto del siglo XIX y etapas posteriores que no nombraré, con el fin de mantener su hegemonía e idiosincrasia, pero no por méritos propios, sino tratando de avasallar a otros.
Pues bien, nosotros a lo nuestro, "despacito y con buena letra" y sin entrar en provocaciones que nos desvíen del camino que tenemos marcado, porque llevamos muchísimos años ganándonos el respeto y admiración de la sociedad con nuestro trabajo y profesionalidad, y ese es nuestro mejor aval para conseguir nuestros objetivos.
Uno de nuestros principales baluartes es el desarrollo profesional continuo (DPC) y el modelo casi unánime seguido por todos los países del reconocimiento de competencias a partir de la experiencia y la formación continua, además de las propias adquiridas por las diferentes titulaciones académicas.
La carrera profesional no es estática y, por tanto, las profesiones tampoco han de serlo, y eso ya lo tiene en cuenta el Gobierno de España, que en el informe sobre el Plan Nacional de Acción que para determinadas profesiones ha remitido a la Comisión Europea hace especial hincapié en la acreditación del desarrollo profesional continuo como base para el reconocimiento de las profesiones, facilitar la movilidad y ayudar a los clientes, tanto privados como públicos, a obtener información sobre el perfil profesional y la actualización de los estándares.
Y para ello pide el compromiso de las organizaciones profesionales como garantes de la calidad, seguridad y confianza al contratar un servicio profesional, para poner en marcha estos sistemas de certificación del DPC de forma coordinada por parte de Unión Profesional, en la que participamos casi todas las corporaciones profesionales colegiadas.
En un mundo tan competitivo, se valora muchísimo la experiencia y la formación de cada uno de nosotros, que es lo que en parte nos diferencia del resto y, por tanto, es necesario que dichos aspectos se visualicen y se conozcan por parte de nuestros clientes y la sociedad en general, porque no todos los que tenemos el mismo título académico somos iguales. Cada uno de forma individualizada progresa en unos determinados campos y lo hace de diferente forma, y eso es lo que nos hace diferentes y nos permite ser competitivos. Pero todo ello debería servir, además, para que nuestras atribuciones profesionales pudieran ir aumentando en función de nuestras competencias adquiridas a lo largo de la vida y no permanezcan estáticas como ocurre en la actualidad, así que este es uno más de los retos que hay que conseguir.
Nosotros, ya en 2013, pusimos en marcha nuestro sistema de Acreditación DPC y llevamos bastante camino andado, estamos en sintonía con otros países europeos y somos un referente en este campo respecto a otras profesiones, pero nos queda mucho por hacer y por mejorar, y no cabe duda de que esta y otras tantas actuaciones que estamos llevando a cabo forman parte de la evolución que tenemos que liderar en nuestra sociedad, le pese a quien le pese.
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